**~Novela Corta: La Evolución de la Mujer~**

**~EMYZAG~**

Novela Corta: La Evolución de la Mujer 

Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez Sánchez

Seudónimo: EMYZAG

Comenzada: 8 de marzo de 2026…

Publicada: 8 de marzo de 2026…

Terminada: 8 de marzo de 2026…

Editada: 8 de marzo de 2026…

Mi #3 de novelas cortas en el año 2026…

Mi #236 de novelas cortas hasta el año 2026…

7014 Palabras 10 Páginas




~ * ~Sinopsis:

~ * ~Luz es una mujer de los años 1900 cuando ella ha hecho una gran evolución en su vida y en su existencia desde lavar ropa a mano y en el río hasta lavar ropa en una máquina… 

su vida llega a vivir hasta el año 2000…




Luz es una mujer que nació en el año 1900 entre guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos. Luz es una mujer hogareña ya para el 1920 se entrega completamente a lavar en el río con tabla y jabón sus únicos trapos de ropa. El sol acostumbrado a florecer entre los arbustos de ese río va dejando una fulgurante llama de rayos de luz como ella así se llama Luz. Luz era la luz del mundo, era buena y moza muchacha, tan jovial como la luz del sol. Luz era la mujer más sensata de todas las muchachas de su edad. Luz va de rumbo y en camino hacia el río a lavar ropa para poder planchar si ella vive de ese trabajo. Luz, bajo con la luz del sol toma la tabla de lavar y jabón y con sus manos estrega la ropa contra la tabla para lavar muy bien y con agua del río lava toda la ropa para que quede exacta, limpia e impoluta. Luz lleva una estrella de sol en sus ojos de color castaños y entre sus cabellos del mismo color lleva la rica sensación en ser la mujer más envidiada de todo el pueblo. Luz toma a sus trapos entre la canasta de ropa limpia y acostumbra a tender la ropa detrás de su hogar en un tendedero viejo, sucio y casi destartalado por el tiempo, pero, muy fructífero en secar con la luz del sol a su ropa limpia, exacta e impoluta para poder planchar a máquina de vapor y que esté lista y preparada para los señores de las casas, a los cuales, Luz labora en lavar y planchar ropa. Luz es una mujer de década va sucumbiendo una gran evolución como mujer a través de las décadas, entre guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos como así lo presagió y vaticinó su nacimiento para allá en la década de los 1900. Luz como la luz universal del sol o como la gran estrella que renació hace más de mil millones de años sólo quedó como la luz del sol sucumbiendo en un trance delictivo cuando sus ojos se roban toda la luz de ese sol. Luz es la mujer más buena e impoluta de alma y de corazón que existe en el pueblo. Las otras muchachas hacían casi lo mismo con la única distinción que lo hacen de mala gana o no lo hacían como Luz con tanto amor a su trabajo de lavar y planchar ropa. Luz era y es la luz del sol alumbrando con sus ojos de color castaños a todo ese río donde lava las ropas de los señores. Luz es una mujer con la edad de veinte años que corre el año 1920 en un pueblo de una isla. Luz se dispone a lavar más ropa en el río donde el agua dulce se confunde con los ojos de color castaño de Luz. Luz es una mujer rústica, atípica, antigua y de los años 1900, cuando ella nació nació la guerra, los asesinatos, los inventos y descubrimientos. Cuando ella nació nació la era y la abundancia, la luz como dos estrellas y como un sinónimo de luces brillantes que marcan un instante. Luz arribó al río demostrando que es la mujer trabajadora, honesta y muy dilucidada de todo el pueblo. Luz arribó con la canasta de ropa sucia al río y con tabla de lavar y jabón comenzó la faena en lavar la ropa sucia de todos los señores para entonces tender en el tendedero y poder planchar con máquina de vapor. Luz arribó al río con saya larga y una camisilla de encaje de color blanco. Luz se arrodilló en el río con la tabla de lavar y con jabón en mano hasta poder lavar la ropa a mano de los señores. Luz se arrodilla cogiendo un poco de saya de sus vestidos con la mano hasta lavar toda la ropa sucia de los señores. Luz se siente como una cenicienta, pero, si para esa época ni año no se había ni inventado el cuento. Luz es la mujer más trabajadora, más suspicaz, y más indeleble cuando su universo es la estrella del sol como el color castaño de sus ojazos y con tanta luz. Luz se siente como el deseo en trabajar y en hacer de lo más real la única verdad de que es una mujer del año 1920 y que posee las veinte primaveras más exactas y más venideras de todos los tiempos. Luz y la luz del mundo se hace, se vive y se mortifica hasta el alma, cuando en el suburbio autónomo de la realidad lleva en su insistencia la evolución de la mujer a través de todos los años. Luz no se atemoriza por todo y por tanto y que su mundo es la gran luz que posee en sus grandes ojazos de luz con el color castaño de sus ojos.

Luz y su mundo de río y de veraniego color por lavar la ropa en el río quedó atrás cuando ella tenía como cuarenta años llegó la lavadora eléctrica y fue un rumbo y un camino extraño, pero, fue el invento más real para lavar la ropa sucia de los señores con la única facilidad de las tareas o quehaceres domésticos del hogar. Luz y su mundo de río quedó atrás, ya no visitó más el río ni lavó más ropa sucia en el río porque llegó la lavadora eléctrica y sustituyó la mano de obra por la maquinaria. Si la industrialización también perfiló su llegada cuando la mano de obra quedó atrás cuando irrumpió la primera industrialización en el mundo. La evolución de la mujer fue total y mejor que nunca cuando llegó la maquinaria y con ella la facilidad de tareas de la mujer. Luz quedó a la fría intemperie cuando en su rumbo y en su camino quiso ser exactamente la que lava en el río desenmascaradamente y con un rumbo a perseguir el destino. Luz con la paz en sosiego constante quedó con el ruido de la lavadora, pero, le agradó más que lavar en el río bajo el sol candente de cada equinoccio. Luz con saya y camisilla de encaje de color balnco va de rumbo y de rumbo y lo que le costó la lavadora fue una centavería con todo lo que tenía ahorrado por laborar con demasiado ímpetu agallas y gallardía. Luz en paz y en sosiego constante va de rumbo en rumbo al tendedero para tender la ropa que ha lavado en la majestuosa lavadora que hizo que su labor fuera más fructífera y con más facilidad que lavar en el río a cuestas de ese sol candente en la piedra del río con la tabla de lavar y jabón en mano. La evolución de la mujer va más allá en poder facilitar que sus quehaceres del hogar fueran más fáciles y no difíciles. Luz y su mundo de lavar, tender y planchar se hizo y se realizó fuertemente en poder laborar y trabajar para el bien común en poder obtener dinero y sustentar su vida. La vida de Luz quedó a la deriva como naufragando en el instinto de dar una sola señal cuando en el albergue de su corazón quedó al acecho de la única verdad que podrá laborar hasta que el destino acabe, pero, no en el suburbio de su solo corazón. La vida de Luz quedó en el instinto suave y delicado de creer que su mundo es como es. Luz y por tener que laborar hasta que el sol caiga era ir a lavar al río con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz y su gran e inmensa paz la hace ver el fulgor de un instante cuando ocurre el gran paisaje de ese río que comenzó a edificar más el tormento en atraer a la vida y la conmísera vil atracción de creer en el mismo silencio que la paz. La vida de Luz fue y será como la luz del sol y de todo el mundo cuando ocurre el deseo de ver el cielo inmortal y devastado por el mismo sol que intensifica a la vida inmortal. Luz quedó como el más vil de los malos tiempos, cuando en el instante quedó como el más vil de los más terribles momentos cuando quiso lavar ropa sucia ahí estaba la lavadora para realizar lo que quisiera ella y más su convenio entre la limpieza y la suciedad más vil de la ropa sucia. La vida de Luz quedó tan real como la única verdad de que su instinto quedó como una trabajadora esencial y más vil que todas las muchachas del pueblo. Luz y su mundo de luz quedó a la deriva autómata de creer en el silencio como la paz más sabihonda y más sabias de todas las formas de ver en el cielo toda la luz de sol veraniego y de todos los equinoccios más vivos y más real en que se haya vivido. La vida de Luz quedó como el instinto sosegado y como el mismo cielo abierto con las puertas abiertas en creer en el instante de amar bruscamente a su labor. La vida de Luz quiso ser como la luz del sol, pero, abrió el instinto abierto de creer que su labor como lavar ropa al río había quedado ahí, y no, sólo fue que sucumbió en un instinto solitario. La vida de Luz quedó como la paz desierta que en el juego de la vida y de la insistencia quedó Luz como la llave oxidada de un sólo mal tiempo. 

Era el año 1940 y Luz tenía cuarenta años de vida y de existencia cuando la lavadora edificó su vida y más la facilidad en crear lo más fácil: lavar la ropa sucia. Luz va de vez en cuando hacia la lavadora a lavar ropa sucia de los señores en las casas en donde ella labora. Luz es la esencia y más la luz en cada sol de nuestros días cuando en el afán de lavar la ropa sucia va y la toma en su canasta y la coloca en la lavadora para lavar. La lavadora es eléctrica y manual cuando en la más amarga labor le agrada a Luz la lavadora donde lava la ropa más sucia para que este impecable, impoluta y muy limpia. Luz logra sacar de la lavadora la ropa limpia y la tiende en el tendedero de su hogar, sí, en el patio de su hogar tendiendo la ropa para que seque intacta e impoluta dejando abrir brecha hacia una plancha perfecta. Luz tomaba la máquina de vapor para planchar y la calienta sobre el fogón o en la brasa y la coloca encima de la ropa seca para planchar, cuando ya existía la plancha eléctrica y era más conveniente para ella. La muchacha de nombre Luz cree y siente que todo es por el bien de la humanidad, porque cuando ella nació fue en el año 1900 lleno de guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos sólo ella perteneció a la nueva era y a la primera industrialización edificando a la mano de obra por maquinarias más efectivas. A Luz le gustaba lavar la ropa al río con tabla de lavar y con jabón en mano cuando ella acudía al río a lavar la ropa de los señores donde ella labora. Luz y el tiempo en que caducó la mano de obra por la nueva industrialización en el mundo de las tareas de quehaceres junto a la evolución de la mujer. Luz tiene cuarenta años y es el año 1940 cuando llegó la primera industrialización al mundo logrando ver, sentir y creer que la nueva era no caducó cuando a Luz le entra el cosquilleo en acudir al río y lavar la ropa de los señores a tabla con jabón en mano. La muchacha de nombre Luz llegó a utilizar tantas cosas nuevas por el invento del hombre que sopesó a gran escala y ni así quiso dejar de acudir al río a lavar la ropa de los señores. Luz de vez en cuando acudía al río a ver y sentir al sol cuando más lo tenía que ver y sentir porque en el ocaso se marchaba lejos a su hogar a tender la ropa que había lavado en el río. Luz quiso ver al sol y sentir a sus rayos de luz en su piel inmortal de llanto, pena, condena, sufrimiento y en ser una mujer ajada por el tiempo y más por el hombre atado al machismo exótico del maldito hombre siempre ha tenido a su fuerza y al delirio en ser el fuerte entre el hombre y la mujer. Luz la mujer que labora con lavar la ropa sucia a los señores quedó como la dulce mujer que limpia la suciedad, la perfección en tender la ropa y en la gran esencia en planchar la ropa tendida y seca lista para entregar a los señores de quien Luz labora. Luz logró cambiar de ideas cuando logró utilizar como el bien común de la humanidad a la lavadora y a la plancha para realizar más fácil sus quehaceres o tareas del hogar. Luz acudía siempre al río a dar un chapuzón, pero, en el olvido cada vez se olvidó más y más de ese río que le dio tanto por laborar y le dio de qué comer cuando ella laboró como nunca nadie más. Luz quedó como el delirio sosegado y con su paz en constante sosiego y siempre laborando con lavar la ropa a los señores de las casas donde ella labora. Luz y la evolución de la mujer quedó sin marcha después de lograr utilizar los enseres domésticos más fructíferos de todos los tiempos. Luz y la evolución de la mujer llegó tiempo a tiempo cuando en la razón se convirtió en exasperación como el tormento frío cuando en el altercado friolento de creer en el ocaso y sin la luz del sol entre sus ojazos de color castaño se vio y se mortificó tanto la luz del sol que ella acudía más y más al río para ver, sentir y creer más en ese sol que la observa desde el cielo.

Era el año 1940 cuando Luz tenía tan sólo cuarenta años, si ella comenzó a edificar su vida y a su existencia con lavar la ropa a los señores de la comarca más cercana a su hogar y al río. Luz tenía la fuerza en hacer lavar la ropa a tabla de lavar ropa sucia y con jabón en mano, pero, luego llegó la lavadora eléctrica dejando atrás sueños, paisajes, sol y momentos gratos. Luz quedó como el silencio y como la paz acudiendo a la sola soledad de creer y sentir el suave sol y sus rayos de luz en el rostro, cuerpo y piel desatando un torrente de sensaciones inocuas. Luz quedó en órbita lunar atrapando al río, al sol, a la ropa qué lavar y a los sueños y a los deseos. Luz quedó como el deseo o como la impoluta verdad de que todo fue hecho, creado y realizado como una sola voluntad en hacer realidad a la vida y a las tareas o quehaceres de la vida con la evolución de la mujer para el año 1940 después de haber nacido en el 1900 entre guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos del hombre. Luz quedó desorbitada en espera y de candente sol en la mirada observando que la luz del cielo es como la magia universal de Dios. Luz quedó como la nueva era o como la primera industrialización dejando atrás a la mano de obra con las nuevas maquinarias sustituyendo a la mano de obra. Luz quedó exhortada y en una hipérbole de exagerada e impaciente luz que le observa desde el cielo infinito dejando atrás el solo tormento de quedar sin río, sin sueños, sin sol, sin delirio y sin poder lavar la ropa sucia de los señores. Luz quedó como el tormento frío de creer en el frío y nefasto de todos los malos tiempos, pero, en el ocaso se fue el sol, cuando en el instante socavó muy dentro del delirio dejando atrás al sol, a la luz y poder lavar la ropa sucia en el río. Luz quedó en constante paz y tan sabia como el frío tormento. Luz quedó como el ciego porvenir dejando atrás a la mano de obra y sucumbiendo en un trance en utilizar a la maquinaria por la mano de obra en una nueva industrialización. Luz quedó como el frío abrigando con álgido temor a la luz del sol cuando en su existencia y en su poco vivir socavó muy dentro de la fría verdad de que la vida es friolenta como poder dejar la mano de obra en una sola maquinaria que realice todo y de una sola vez. Luz quedó muerta de espantos cuando llegaron los mahones de vestir y los “bell bottom” en la década de los 1970 cuando tan sólo ella tenía setenta años. La evolución de la mujer llegó para quedarse cuando irrumpió en la vida una sola idea en ser “hippie”, pero, a los setenta años no, no podía ser, si era sólo una modalidad de la juventud se dice ella. Luz comenzó a dejar las sayas por mahones de vestir y así sucumbió el trance delictivo en ser una mujer de setenta años los cuales pesan como el cielo en el techo de la cabeza. Era la era del 1970 cuando ella se adentró a la senectud y llegó la vida joven a su edad, pero, ella no quiso más que ir la río y lavar la ropa, sentir el sol en la piel, y al jabón caer desde sus manos para lavar la ropa sucia de los señores. Luz aún recuerda aquella vida de juventud cuando apenas era el 1920 cuando apenas tenía veinte años de edad cuando en el afán de vanagloria quedó inmortal la esencia de lavar la ropa a mano y en tabla de lavar con jabón en mano. Si era el 1970 y la juventud quiso ser como el juego del amor y vistiendo mahones de vestir hasta que el delirio confíe y se siente más el sol en la piel, pero, Luz extrañando a las sayas sólo quedó esperando ver, sentir y creer en ese sol que le mortifica tanto cuando lavó la ropa a mano a tabla de mano y con jabón en mano. La evolución de la mujer quedó inmortal sucumbiendo en un sólo trance, percance y si amanece en el delirio más escalofriante de creer, sentir y poder tener a ese sol en la piel y más en el cuerpo por lavar la ropa en el río y con jabón en mano.

Era la era de 1970 cuando Luz tenía setenta años de edad cuando la juventud se deleita en ser “hippie”, bailando con una cadencia y una exactitud y con una sola prontitud quedó el sentido prohibido y censurado. Luz quedó como toda “hippie” deseando abrir el tiempo en caducar la primera instancia y regresar a los buenos tiempos del 1920, cuando Luz tenía sólo veinte años y lavó ropa en el río con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz logró llegar a la década del 1980 cuando apenas tenía ochenta años cuando está en su apogeo la droga, lo ilícito, lo ilegal, lo tradicional en ser traficante de drogas y Luz vivió también esa época. Luz se apena de todo lo que vivió en esa década del 1980 cuando lo ilícito y lo ilegal cobran vida y más aún se siente como lo irreal de toda existencia y más cree en la perdición de los jóvenes de esa década. La evolución de la mujer quedó en un mal tiempo cuando llegaron los pormenores de existencia. Era la era del 1980 cuando Luz apenas tenía ochenta años y sólo recuerda cuando dejó de laborar cuando ella sólo lavó la ropa sucia, la tendía en el tendedor de su hogar y la planchaba hasta hacer entrega limpia, impoluta y perfecta a los señores de la comarca más cercana de su hogar. Luz quedó pensativa una noche de luz de luna cuando sólo recua a su vida como un pasaje de ida y sin regresos cuando sólo recordó a la aventura de ser una joven veinte años  de edad y que lavó la ropa al río con tabla de lavar y con jabón en mano. Sólo Luz quedó pensativa y atrayente por la sola soledad de creer, sentir y saber que el sol es como la luz en cada día y como el tormento de creer en aquel río, por el cual, era su todo porque allí laboraba ella. Luz quedó como el tormento feliz desde que su insistente vida no fue un fiasco de vida, sino que su vida fue predilecta, perfecta y muy eminentemente fructífera. Luz quedó pensativa y muy atraída por el desconcierto frío y muy raudo de veloz en velocidad de saber que su mundo y que su tiempo se fue tan rápido como veloz es el mal tiempo. Luz quedó pensativa, autómata y muy creativa en recordar y reír por ese buen recuerdo que la llevó hacia el instante en que lavó la ropa en el río, caudaloso, sosegado, templado y de agua dulce donde el sol era su primera luz, su luz descendente y su luz más penitente. Luz calla de un momento a otro, cuando en su insistente corazón arde como la luz del sol en el ese mismo cielo por donde la observó por mucho tiempo lavando la ropa sucia de los señores con la tabla de lavar y con jabón en mano. Luz calla de un momento a otro, cuando de repente, pensó en el ayer cuando apenas tenía veinte años de edad y lavó la ropa en el río más templado, caudaloso y más tranquilo de todos los ríos. Luz calla sus pensamientos por tercera vez y cuando sólo piensa en aquél amor de su juventud y que no fue nada para ella, cuando el tiempo socavó y se casó con otro hombre que no amó. Luz se preguntó, ¿qué habrá sido ése amor?, y Luz quedó pensativa y quedó como el rencor del amor en el solo corazón cuando no quiso saber más nada y borró todo pensamiento de su cabeza. Era el 1980, cuando a penas Luz tiene ochenta años y sólo piensa en su inestable vida la esencia, la quid permanente, con la perseverancia en un instante de que su vida ha sido fructífera, estable y muy venidera cuando ella sólo piensa haber edificado el tormento frío y de adentro la raíz de un tallo feraz, erguido y muy vertical desde adentro del corazón. Luz comienza a edificar su esencia y su presencia más convidada y tan susceptible quedó como el mismo tormento feraz, eficaz y como el deseo en haber amado más como a ése amor que no supo más de él. Luz quedó como el mismo sol, como el albergue de un tormento, de su eficaz corazón que comenzó a edificar la paz y la conmísera atracción de creer que en ese río lleva en sus aguas dulces, caudalosas, tranquilas y sosegadas a toda su vida y a toda su existencia. 

Luz quedó pensativa, callada y soslayando si sólo calmó un deseo de envenenar hasta el alma y a un solo corazón destronando la osadía de creer que el imperio sosegado de toda su vida quedó a la deriva y naufragando cuando todo fue fructífero y muy placentero de un sólo buen sentido. Luz quedó como la luz del sol, como toda luz descendente, veraniega y de todo un sol sin la tempestad ni la tormenta. Luz fue la osadía, la que comenzó en el río demostrando que todo se puede y que todo marca trascendencia porque todas las etapas de la vida las vivió Luz, y en toda década a plenitud, con exactitud y sin prontitud. Luz dejó atrás los malos deseos de morir sin paz, ni sosiego, ni templanza de un amor que se fue lejos y que no supo más de él. Luz dejó atrás toda esperanza, la que hoy lanza, la espera inesperada fuerte y pertinaz y tan suspicaz como el delirio delirante de creer en el trance perfecto en poder recordar toda su vida desde que nació con guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos desde el año 1900. Luz dejó atrás todo acontecimiento dentro del pasaje de ida y sin regresos cuando el recuerdo sólo le atormentó la idea más nefasta de todos los malos tiempos. Luz dejó atrás a ésa mujer de veinte años y que en el año 1920 lavó la ropa sucia en el río con tabla de lavar y jabón en mano. Luz dejó atrás la única osadía de creer que en el mal momento de toda su vida llegaba ahora sin marcar presencia, y sin trascendencia en querer ser más de lo que pudo ser. Luz dejó atrás todo mal recuerdo, sabiendo que siempre estuvo en un mal proceder o siendo vulnerable a la inestabilidad de los hombres, pero, nunca soslayó en hacer creer que su imborrable vida era de caer y con un llanto que nunca logró tener y todo porque toda su vida fue fructífera. Luz quedó pensativa y muy callada, sólo pensando en su vida autómata, real, y como una locura en querer ser la mujer que lavó tanta ropa con tabla de lavar y con jabón en mano en u río tan cerca de su hogar, para luego en su hogar tender en el tendedero hasta hacer secar con el viento para luego planchar con máquina de vapor. Luz era, sí, ésa muchacha de veinte años, y del año 1920, cuando en su ímpetu y en su labor quiso entregar vida, pasión, luz y esencia de la buena cuando con sus sayas y camisilla de encaje del color blanco llegaba al río y dejaba que el agua dulce corriera por sus piernas sintiendo la frescura, la locura y la aventura de ser la muchacha jovial de veinte años, sí, la del año 1920. Luz y el tiempo transcurrió muy rápido, raudo, veloz y velozmente quedó como la órbita atrapando al río, a la luz, y más a la luz del sol, cuando en su cuerpo, piel y sentido quedó todo el sol. Luz y el tiempo socavó muy dentro del alma y de su pobre e insistente corazón cuando quedó callada y muy pensativa dejando abrir brechas y la manera de creer en el alma y más en el corazón dentro del alma muerta de espantos. Luz y el tiempo permitió que exasperadamente permitiera que la mente y su pobre conocimiento llegara a recordar toda su vida como lo que quedó como una vida fructífera. La vida de Luz fue como la vida socavando a la luz del sol, como la esencia y como la virtud de una insistente presencia cuando la evolución de la mujer fue como comenzó desde el principio de toda una vida. Luz quedó pensativa, callada y muy tenaz en la forma de recordar su única vida. Luz fue y será como la luz descendente y pertinaz de un solo encuentro entre el sol, la luz y el río. Luz fue y será a luz universal, sí, esa luz del sol que le cubría el cuerpo, la piel y los ojos de color castaño. 

Luz fue como el sol derritiendo todo el frío en su piel inmortal. Luz quedó callada y pensativa dentro del cometido en poder recordar su vida en la juventud y más ésa mujer que lavó la ropa a los señores con la tabla de lavar y con jabón en mano. Luz fue y será la mujer del río, la que llevó la ropa sucia a lavar allí atando trabajo y más que eso a la luz del sol en su cuerpo y más en su piel. Luz quedó como el tormento frío y tan veraniego de creer que el sol cae en su cuerpo y más en su piel. Luz quedó pensativa y callando sólo recordando su vida y su vida tan sólo con el deseo de haber vivido mejor. Luz fue y será la mujer del río, la que llevó la ropa, la que laboró arduamente, y nunca pensó e imaginó en perder la sonrisa entre sus labios. Luz quedó como el principio y como toda redención y pasión desatando la furia y la euforia cuando sólo quiso ser como la luz de todo sol. Luz quedó como el torrente sin sensación cuando pensó en su inestable desafío de haber sido una mujer más enamorada de la vida misma. Luz pensó e imaginó que su vida sería mejor, pero, cuando se retiró en laborar fue que llegó la era de los “hippie”, desatando una euforia y haciendo y creando historia. Luego de ese buen tiempo para los jóvenes “hippies”, logró vivir en la época del 1980 la era y la nueva vida de los jóvenes en las drogas. Luz, ahora quedó solamente vivir la era de la tecnología llegando a ver y a observar los celulares y la computadora sin poder ser utilizada por ella. Luz muere en el año 2000 antes de ver utilizar la gran tecnología que hoy mueve al mundo. Luz muere ya en senectud a finales de la década de 1990 al 2000, viviendo un siglo de vida. Luz vio de todo vivir desde los automóviles, la lavadora, el microondas, la computadora y los celulares. Luz quiso ser ésa mujer la que lavó con tabla de lavar y con jabón en mano hasta hacer de ese sol ser su propia piel y su propio cuerpo. Luz quiso ser una mujer completa, amando como nunca a ése hombre que dejó de amar cuando se entregó en cuerpo y alma a otro hombre que no amó. Luz fue y será como la virtud y como la esencia vestida con la luz del sol. Luz siempre quiso ser la mujer del río, la que comenzó a lavar la ropa con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz murió pensativa y callando lo que nunca un amor, un amor por el trabajo, un amor por la luz del sol, y un amor por el río. Luz murió sin dejar de amar, callar ni pensar en la sola y amarga soledad que le dejó el alma y más el corazón amando como nunca a un sólo trabajo y fue el de lavar con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz muere para el final de la década del 1990, o sea, en el año exacto del 2000. Luz muere callando y muy pensativa demostrando que se puede amar, laborar y más que eso vivir del buen recuerdo. La luz de luna aquella en qué el sol no salió y cuando muere Luz sólo dejó un buen recuerdo, un pensamiento perenne de toda una vida, un sueño eterno y toda una vida vivida desde que en el año 1900 nació con guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos. La historia de vida de Luz quedó en el tintero cuando no dejó descendientes ni hijos. Luz sólo quiso ser una mujer fuerte, amar al hombre con su verdadero amor, haber laborado y hacer y crear un sólo destino. Luz sólo quiso ser fuerte, imborrable e indeleble, pero, en el afán de creer en su cometido cayó de bruces abiertas cuando su destino y su vida nadie la pudo saber. Luz muere de un infarto en el corazón cuando la luz de luna la observó y la admiró tanto que sus ojos de color castaño se cerraron de un instinto sosegado, templado y tranquilo como aquel río en que ella lavó la ropa de los señores con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz sólo quiso ser la mujer fuerte, indeleble e imborrable la que en sueños quiso ser y así fue y más. Luz sólo fue un sueño, un pasaje de ida y sin regreso cuando su vida quedó en el tintero. Una vida mágica, y un destino fuerte, y una labor de ensueño. Luz quedó como el deseo de toda una vida, cuando en el juego del alma y del corazón sólo quiso entregar cuerpo, alma y vida. 

Luz quiso ser fuerte y por demás haber sido una mujer más completa desde que el silencio irrumpió como la paz de su interior un templado, sosegado y tranquilo río. Luz se fue del mundo, cuando en un segundo falló su corazón en un sólo infarto dejando que la luz de luna se llevara la única luz en sus ojos de color castaño como aquel sol de un ocaso fuerte en que se marchó el sol irrumpiendo a que Luz se fuera a su hogar a tender la ropa que había lavado a mano y con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz muere y ella sólo recuerda el ruido que ella hacía al lavar la ropa con la tabla de lavar y con jabón en mano cuando sólo por restregar la ropa en contra de la tabla de lavar y con jabón en mano realizó un ruido que ella sólo conocía. Luz quiso ser la mujer que amó imborrablemente a ése hombre que también la amaba y ella sin dar de cuenta. Luz quiso ser la luz del sol en el río, cuando lavó a esa ropa de los señores en ese río, sí, en ese río, por el cual, le otorgó a ella, labor, sol, luz y un frío entre sus piernas y dejando inerte a su sentido. La paz de Luz la dejó adherida como imán a su cuerpo y a su piel como esa luz del sol en su cuerpo y más en su piel cuando ella lavó la ropa en el río. La evolución de la mujer llamada Luz, fue fulgurante, fragante y muy indeleble, cuando ella no se atemorizó por nada sino que logró transcurrir las etapas de la vida y la gran vida a pesar de las malas circunstancias. Luz logró ver el cielo y el sol, la luz universal y en cada recelo de vida una etapa que logró transcurrir con el tiempo y con la gran tecnología a pesar de haber nacido en el año 1900 viviendo un siglo de vida, y en contra de guerras, asesinatos, inventos y descubrimientos. La era del 1900 fue crucial para la vida, trascendencia, y de gran virtud exacta, conmísera y de mucho ahínco cuando sólo se inventó la primera industrialización sustituyendo la mano de obra por las maquinarias. Luz vivió la era del 1920 cuando apenas comenzó a vivir y tenía veinte años de edad y logró que la lavadora, el televisor, los automóviles se convirtieran en su mejor trasfondo de una buena tecnología en el futuro venidero. Luz, aunque a ella no le importó nada más, que lavar la ropa de los señores en el río, demostrando que la labor lo era todo para ella y más poder sentir el sol en su cuerpo y más en su piel. Luz era la luz, aquella luz del sol, donde en el río ella lavaba la ropa con tabla de lavar y con jabón en mano desde que el silencio automatizó la espera inesperada de quedar en el río hasta que el sol se fuera en el ocaso. Luz quedó y tan fuerte como el corazón y demostrando que el deseo es fuerza, esperanza, y espera de la que se esmera en el tiempo en que laboró lavando ropa de señores en el río por donde el agua dulce le rozó a sus piernas dejando un sólo buen sentido entre el agua dulce y su estancia en el río. Luz muere observando a la luz de luna cuando en el afán de ver la luz se petrificó y electrizó a sus ojos de luz con fuerza espeluznante en contra de la luz de luna dejando que el corazón muriera de un sólo infarto. Luz dejó a la luz, como a todo un mundo lleno de tecnología, de lavadora eléctrica, de televisor a color, de “hippies”, drogas, de computadoras y celulares que no pudo utilizar porque ella muere al final de la década del 1990, o sea, en el año 2000, después de un siglo de vida. La paz de Luz, y su luz de sol, quedó en soledad, petrificada en la amarga espera en esperar en lavar la ropa en el río, con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz no quiso nunca más ser jamás la mujer sin río, sin luz de sol, sin ropa sucia que lavar, sin destino y sin labor que laborar. Luz no quiso perder jamás la nueva era, la primera industrialización, sustituir maquinarias por mano de obra y saber que vendría luego más industrializaciones en la vida y manera de laborar en la vida. 

Luz quedó desierta cuando murió. La evolución de la mujer quedó cuando llegan los G-string por pantaletas, pero, eso a Luz no le importó sino que dijo, “no dejo mis pantaletas por nada de eso”. La juventud estaba corrompida dijo también Luz, cuando llegan los “hippies”, las drogas y en el combate de creer en el cambio tecnológico de tantas cosas buenas y del deleite bueno de la humanidad al recibir con buena nueva a la tecnología en la vida humana. Luz quedó como el aire, como la luz del sol, y como la eterna juventud, cuando en el albergue del corazón muere por un infarto, dejando caer a la luz de luna como todo ese sol que por el día, ella sólo lo recuerda, cuando laboró al lavar ropa en el río, con tabla de lavar y con jabón en mano. Luz quedó allí adherida como imán a la luz de luna, a ese sol en el cielo, a ese río, y a esa agua dulce de ese río. Luz murió de un sólo infarto cuando en el ademán frío de su cuerpo se atemorizó por primera vez cuando la luz de luna la observó desde el cielo, y Luz, pensativa y callando lo que dejó en el alma y más en su corazón a toda luz de ese río en que lavó la ropa con tabla de lavar y con jabón en mano. La evolución de la mujer llamada Luz fue desde la maquinarias, los “hippies”, las drogas y la tecnología. Luz vivió todo esto y más, sólo no quiso ser como la mujer sin sol ni río. Luz aquella noche a la luz de luna vio con su poder de luz y fuerza si fue como ver a la luz del sol vio a un hombre cerca de la ventana. Luz no creyó en los fantasmas ni en el juego del amor, sino que sucumbió en un trance perfecto. Luz lo vio, no se atemorizó por lo que vio en la ventana, era sólo un hombre y ése hombre era su único amor, aquel amor que no fue nada para Luz. Luz lo miró fijamente, estrechamente, e indeleblemente quedó imborrable entre sus ojos de sol y todo porque Luz tenía los ojos como la luz del sol y de un río muy hermoso. Luz quedó adherida allí como imán, como la luz del sol entre sus ojos, como el agua dulce entre sus piernas, y más como el amor en el corazón. El corazón de Luz no la engañó, no le hizo nunca daño, ni le irrumpió jamás un delirio delirante de sopesar en el alma y más en el corazón una sola mala idea de tener en la ventana de su habitación a un hombre. Luz quedó desierta, inmóvil, inerte y estable cuando miró fíjamente a ése hombre en la ventana. Luz se dijo que era una luz fuerte, como la luz del sol, como la luz de luna, nácar y virginal, pero, no, no descendió jamás, sino que quiso más, más de esa luz. Luz quedó quieta, inmóvil e inerte, pero, su cuerpo descendió en busca de ése hombre, y lo miró fíjamente y estrechamente, y se fue a buscar a ése hombre. Luz aquella mujer que lavó la ropa con tabla de lavar y con jabón en mano, la buscó ése hombre, sí, su único y verdadero amor. La evolución de la mujer, fue y siempre será ése amor, sí, su único amor, y que se fue de su vida cuando ella más lo amaba. El río, el sol, la luz, el agua dulce entre las piernas, la fulgurante luz, y la fragante esencia con la virtud quedó fuertemente adherida a esa luz. Esa luz de luna y con luz nácar virginal buscó a Luz como la luz universal de todo un río en que ella lavó la ropa de señores en la tabla de lavar y con jabón en mano, para tender esa ropa en el tendedero y poder planchar con máquina de vapor. Luz quedó inerte, desierta, inmóvil y muy tranquila, si fue sólo un infarto en el corazón que la dejó muerta de espanto cuando sólo miró en la ventana a ése hombre. Luz quedó con la evolución de la mujer inmóvil, desierta, tranquila, e inerte como esa luz cuando sólo quedó adherida a esa labor en lavar la ropa de señores con la tabla de lavar y el jabón en mano, sólo quedó allí en el río cuando sólo sus ojos vieron a la luz del sol. El río, la luz del sol, sólo perpetró la única osadía de creer que en el instante quedó Luz desierta, inerte, e inmóvil porque cuando muere así quedó ella, con la luz del sol entre sus ojos y observando a ése hombre que se la llevó a vivir un amor único y verdadero. Luz quedó observado todo desde una buena perspectiva de vida, cuando ella quedó en el río, con la luz del sol y con la ropa aún sucia y sin lavar en el río, y todo porque el sol le desnudó a sus ojos de luz. 




FIN

  • Autor: EMYZAG (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 9 de marzo de 2026 a las 00:03
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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