Domingo

Adrian Alfaro


AVISO DE AUSENCIA DE Adrian Alfaro
Hoy dejo de escribir aquí.

Durante un tiempo este espacio fue un refugio, un lugar donde las palabras podían decir lo que a veces uno no logra explicar en voz alta. Aquí dejé pensamientos, emociones, fragmentos de noches largas y de días que pesaban más de lo que parecían.

Escribir fue mi manera de entender muchas cosas: el amor, la ausencia, las despedidas, las promesas que se rompen y las que se quedan flotando en el aire.

Pero todo ciclo también aprende a cerrarse.

Hoy me despido de este lugar y de las palabras que alguna vez dejé aquí. No porque ya no sienta, ni porque la vida se haya vuelto silenciosa… sino porque a veces uno necesita guardar lo que siente en otro sitio, en otro momento, o simplemente dentro de sí.

A quienes alguna vez leyeron algo mío, gracias.
A quienes encontraron un pedazo de sí mismos en alguna línea, gracias también.

Me voy en silencio, como suelen irse muchas cosas importantes.

Pero las palabras… esas siempre encontrarán otro lugar donde existir.

Adiós.

El mundo sigue su curso afuera,
pero aquí, en este pequeño instante,
todo se detiene.

Frente a mí estás tú,
con la calma de quien no sabe
que está siendo admirada.

Tus manos recorren tu rostro
con la delicadeza de un ritual antiguo,
como si la luz misma
te estuviera aprendiendo de memoria.

Y yo…
yo no puedo dejar de mirarte.

Hay algo en tu forma de existir
que vuelve torpe a mi corazón,
algo en tu belleza
que me obliga a quedarme quieto,
como si cualquier movimiento
pudiera romper la perfección del momento.

Tu piel brilla,
pero no es el brillo del espejo
ni de las cremas que usas.

Es algo más profundo.
Algo que nace de ti.

Te ves tan radiante
que por un momento olvido respirar,
y pienso que si la belleza
tuviera un lugar donde vivir,
sería exactamente ahí,
en tu rostro cuando te cuidas
sin saber que alguien te ama mientras lo haces.

Pero también hay algo más.

Porque mientras te miro
siento esa distancia que existe entre nosotros,
ese espacio invisible
que me impide acercarme ahora mismo.

Y me detengo.

Me detengo a imaginar
lo que haría si no existiera esa distancia.

Me acercaría despacio,
rodearía tu cintura con mis brazos
y apoyaría mi rostro en tu cuello
como quien llega a casa después de un largo viaje.

Besaria tu frente,
tu mejilla,
tus labios.

Y te diría en voz baja
lo que ahora solo vive en mi pecho:

que no hay ritual de belleza
más hermoso que verte existir,
que no hay luz más perfecta
que la que nace de ti.

Y que si a veces me quedo callado
mirándote así…

no es porque no tenga palabras.

Es porque ninguna alcanza
para explicar
lo profundamente hermosa que eres para mí.

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.