Prosa: El suspiro que habita en la garganta
Yo sé que hay algo más hondo que la muerte.
La muerte viene con su paso lento, con su manto de silencio, con su promesa de olvido. La muerte es un libro que se cierra, una vela que se apaga, un viaje del que no se vuelve. Y yo la he visto a lo lejos, y no le temo.
Pero hay otra muerte, una que no llega con la noche ni con el frío. Esa muerte habita en mi pecho desde que te fuiste. Es un suspiro que se queda en la garganta, una palabra que no encuentra su eco, una lágrima que se niega a caer porque sabe que, si cae, no habrá manos que la recojan.
Morir sin ti no es dejar de existir. Morir sin ti es existir a medias, como una estrofa sin su rima, como una cuerda de arpa que vibra sola en la oscuridad, esperando una mano que ya no viene a pulsarla.
A veces, en las tardes de lluvia, cuando el viento golpea los cristales, creo oír tu nombre en el rumor de la tormenta. Y entonces abro los ojos y miro a mi alrededor, y solo encuentro sombras. Sombras que se alargan, sombras que me envuelven, sombras que me recuerdan que tú eras la luz.
Y pienso que quizá, en algún rincón del mundo, en alguna tarde de lluvia como esta, tú también estarás escuchando el viento, y tal vez, sin saberlo, estarás pensando en mí.
Pero no. Porque esa es la peor condena de los que mueren sin morir: saber que el eco de nuestro suspiro no llegará jamás a tu oído.
Así que aquí me quedo, con mi muerte en vida, con mi suspiro atravesado, con esta pena tan honda que se ha vuelto costumbre. Y espero. Espero el día en que la muerte de verdad venga a buscarme, no para llevarme con ella, sino para reunirme contigo.
Porque morir sin ti no es morir. Morir sin ti es aguardar, eternamente, en la antesala del olvido.
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Soneto: Rima interior
Del arpa muda que el amor tañía
quedó una cuerda rota, un sonido
que vibra solo en lo más escondido
del alma que sin ti perdió su guía.
La niebla gris que enturbia el claro día,
el eco de un suspiro desvaído,
el pájaro que huye de su nido:
eso es mi vida, amarga melodía.
Morir sin ti no es irse con la muerte,
no es el final que todo lo acrisola,
es esta soledad que no se advierte,
es esta voz que clama y que no inmola,
es esperar en vano de esa suerte
que alguien despierte el arpa que aún está sola.
Décimas: Íntimas
I
Por una mirada tuya,
por un suspiro, un momento,
yo diera el alma sin cuento
y cuanto soy se destruya.
Mas hoy la noche me incluye
en su manto de orfandad,
y en esta sombra, mirad,
que el corazón, hecho añicos,
pide a los cielos mendigos
lo que fue felicidad.
II
Morir sin ti no es el frío
de la tumba y su misterio,
no es el último cauterio
ni el olvido, que es olvido.
Es más hondo, más temido:
es vivir en la agonía
de nombrarte todavía
y saber, en el quebranto,
que las palabras son llanto
y el llanto, melancolía.
III
Como el aire en la garganta
que no encuentra su salida,
como la herida escondida
que más duele cuanto más se aguanta,
así mi pena se espanta
de sí misma y de su ser.
Porque no puedo ver
la luz que un día me diste,
y en esta noche tan triste
solo aprendí a perder.
IV
Yo sé que hay algo inmortal
en la música que calla,
en la estrella que no estalla
y en la ola que no da sal.
Esa es mi pena mortal:
saber que dentro de mí
hay un verso que escribí
con la tinta de tus ojos,
y que entre tantos abrojos
solo vive para ti.
Alejandrinos: Rima del ausente
I
Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo, mi alma se halla arrinconada.
No es un arpa, bien lo sé, señora, la que espera la mano de nieve,
es un corazón que fue tuyo y que ahora, sin tu latido, ni se mueve.
Porque así son mis días: un eco que no encuentra voz,
una estrofa quebrada a la que abandonó su creador,
un suspiro que flota perdido en la bruma del tiempo,
pidiendo a la nada que le devuelva tu aliento.
II
Morir sin ti no es eso que pintan con crespones y lutos,
no es la caja de pino, ni el llanto obligado, ni el luto.
Morir sin ti, bien mío, es más hondo, más íntimo, más triste:
es la caricia que diste y que el aire deshizo y no existe.
Es la palabra amada que se seca en el borde del labio,
es el beso que fue mariposa y hoy es sólo un agravio,
es tener el oído atento a una música que ya no suena,
es buscar tu mirada en la sombra y hallar la sombra tan llena.
III
Yo sé que hay algo eterno más allá de la vida y la muerte,
algo que no se apaga ni cuando la razón se divierte.
Eso eres tú en mi pecho: la idea fija, la llama sagrada,
la poesía que nace cuando el alma está desgarrada.
Y por eso no muero del todo aunque la carne se rinda,
porque mientras te piense, el olvido no entrará en mi linda
morada de recuerdos, donde vives tú, reina y señora,
más viva que en la vida, más mía que en la hora en que fue mía la hora.
IV
Pero ay, que este vivir sin tenerte es la más cruel condena,
es la gota de agua que horada la piedra y la envenena,
es el pájaro preso que mira el cielo a través del cristal,
es tener el alma en tinieblas y llamarle a eso normal.
Así paso los días, contando las horas que no me devuelven
tu risa, tu nombre, las tardes aquellos que nunca resuelven
el enigma de amarse y perderse en la misma jornada,
como olas que mueren en la orilla sin saber que fueron amadas.
V
Y cuando llegue la hora postrera, la del último aliento,
no será la Parca quien me lleve, sino mi pensamiento.
Porque morir sin ti no es morir: es quedarse en el puente
que une la nada contigo, esperando que tú, de repente,
aparezcas al fondo, vestida de luz y de aurora,
y me digas despacio las palabras que espero desde ahora.
Entonces sí, bien mío, podré cerrar los ojos contento,
pues habré muerto en tu nombre y no en este frío que siento.
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Y mientras llega ese día, señora, permitid que suspire,
que escriba estos versos que el viento dispersa y nadie mira,
que viva muriendo en cada latido, en cada silencio,
porque morir sin ti, bien lo sé, es esto que vivo y que pienso.
Autor: Augusto Cuerva Candela
País: España, Madrid
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Autor:
Augusto Cuerva (
Online) - Publicado: 8 de marzo de 2026 a las 06:52
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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