En las postrimerías del invierno
el lago yace callado con severa frialdad.
Es una atmósfera hipnótica,
donde el clima somete
a la tierra a su voluntad.
La luz de la luna acaricia la lámina
de emplomado cristal
que oculta una masa líquida
de insondable profundidad.
Replicando sueños de siglos,
donde misteriosas
sombras se deslizan
bajo la capa de hielo,
con turbadora impunidad.
Enjoyados sudarios de gemas,
los árboles, como centinelas,
se yerguen hacia las alturas
en su desnuda majestad.
Sus ramas orladas de blancura
engalanan el telón de fondo celeste
como hilos enredados
en un extenso telar.
Líneas rectas y formas geométricas,
con las agujas que nacen
de sus leñosos dedos,
sobre el paño etéreo tejerán.
Árboles y ramas de madreperla adornadas
cual ceremonia ritual.
Una suave brisa doblega la plateada
superficie del lago al pasar.
Y arrodilla los arbustos que, sedientos,
se inclinan hacia sus aguas,
como oferentes ante un altar.
Mientras, con una plegaria eterna
se escucha al vientecillo orar.
Belleza inmaculada, despliega el lago,
sencilla y natural.
Con cada onda concéntrica,
con cada movimiento pulsátil,
susurra el lago,
a la noche estrellada
con fervor reverencial.
Y cuchichea con los arroyos
que, pese al frío paralizante,
le otorgan sus ofrendas de alimento
del néctar más especial.
Destellos de riachuelos
que fluyen somnolientos
mostrando sus venas argénteas
a un mundo en tregua
que respira en paz.
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Autor:
kiry (
Online) - Publicado: 7 de marzo de 2026 a las 14:24
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 1
- En colecciones: Naturaleza viva.

Online)
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