Si alguna vez pensaste
que podíamos ser.
Si cuando dijiste mi nombre
entre los otros
no sentiste
que algo se movía
un poco más hondo.
Ya no será
si cuando dudabas
era de mí
o del mundo
que nos pedía
ser imposibles.
Ya no será
si alguna vez
en medio de tus oraciones
mi voz
se quedó
dando vueltas.
Si alguna vez
quisiste
aunque fuera un instante
no ser tan fiel
a todo lo que te llama.
Pero ya no será.
Ya no serán
los hijos
que nunca van a nacer
con tus ojitos
y tu cabello.
Ya no serán
los gatos
durmiendo
en nuestras piernas.
Ya no será
la casa
con tu risa en las paredes.
Ya no será
mi primer perrito
aprendiendo tu nombre.
Ya no será
el cereal con bananitos
que nunca vamos a comer
a medias.
Ya no serán
las sopas tibias
cuando el mundo te duela
y tengas fiebre.
Ya no serán
los domingos lentos
que no vamos a desarmar juntos.
Ya no será
tu mensaje
diciendo
“ya voy para casa”.
Ya no serán
las peleas pequeñas
por quién lava los trastes.
Ya no serán
los silencios cómodos
con tu respiración
al lado.
Ya no serán
los viajes
perdidos en carreteras improvisadas,
las fotos
que no llenarán
ningún álbum,
el árbol de Navidad
que no vamos a adornar,
las caminatas
y las tardes de poesía
de los sábados,
las compras en el súper
donde siempre olvidaríamos algo.
Ya no serán
las flores
que te quería regalar,
las tacitas
de chocolate caliente
después del trabajo,
el vasito
con nuestros dos cepillos,
el cajón
que guardaría tus cosas,
el olor
de tu ropa
secándose en el patio.
Ya no serán
los lunes de películas,
los martes de sándwiches tostados,
los miércoles de tacos,
los jueves de pizza,
los viernes de pupusas,
los domingos de fútbol
y de lecturas largas.
Ya no serán
las eternas noches de cantos,
los chistes
de conversaciones sin sentido,
el lenguaje compartido,
los poemas que me escribirás,
de esos que sacaban lágrimas
y a veces también sonrisa,
el sonido perfecto
de la primera sílaba
de nuestros nombres.
Ya no serán
las fotos de los amaneceres,
los versos libres,
las almas de viejito.
Ya no serán
tu calor
quedándose en mi pecho
cuando el mundo afuera
se volvía demasiado grande.
Ya no serán
tus brazos
cerrándose despacio
alrededor de mí.
Ya no serán
los besos
deteniéndose
un segundo más
de lo permitido.
Ya no será
tu respiración
mezclándose con la mía
en la oscuridad tranquila
de una noche cualquiera.
Ya no será
tu piel
aprendiendo mi nombre
en silencio.
Ni mis manos
descubriendo
la forma exacta
de tu cuerpo.
Ya no será
ese lugar
donde el cuerpo
también ora.
Donde el amor
se vuelve carne
por un instante
y luego
teme quedarse.
Ya no serán
las conversaciones
sobre la revolución de la ternura,
los debates
sobre el amor político
y el amor revolucionario,
las noches
pensando cómo cambiar el mundo,
los sueños
de lucha compartida,
los planes
para empujar la historia
un poco más hacia la luz.
Ya no serán
nuestras pequeñas conspiraciones
contra la tristeza del mundo.
Ya no será
la vida que imaginamos
entre risas
y ciudades prestadas.
Porque entre nosotros
siempre estuvo
ese lugar
al que yo no podía entrar.
Ese silencio
que comenzaba
cuando tú decías
llamado.
Ese Dios
que te pedía
entero.
Y yo
no supe
cómo competir
con algo
que se parece
tanto
al infinito.
Ya no será.
Ya no sabremos
nada
el uno del otro.
Tal vez
tu nombre
se vuelva silencio.
Tal vez
el mío
se pierda
entre tus plegarias.
Ya no será
la distancia
de tu corazón
al mío.
Ya no será
que cuando ores
sepas
que alguien
pedía por ti.
Y aun así
hubo algo.
Hubo un momento
en que nuestras dudas
se miraron
como si fueran
una puerta.
Hubo una forma
en que dijiste mi nombre
que no era
de amiga.
Hubo amor.
Aunque no alcance.
Aunque no pueda quedarse.
Aunque
ya no será.
-
Autor:
M. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 7 de marzo de 2026 a las 01:15
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema es una despedida a la vida que alguna vez imaginé. Nombra las cosas simples, los sueños y el amor que pudo haber sido, reconociendo que, aunque existió, no pudo quedarse.
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 1

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