La Sed del Perro

marco romero

Heme aquí a las tres de la mañana, no es un espectro el que me quita el sueño. Es un suspiro de los días lejos, en que estabas sonámbula, amor, y me acuerdo de ti dura sombra en el colchón desvelando al silencio.

 

Te recuerdo así, desnuda como una herida, con esa forma tuya de dormir que parecía un combate. Me duele el aire de la habitación porque no tiene tus pulmones para que lo gasten; me duele este cuarto donde ahora las cosas son solo cosas, y no los testigos de cuando nos quemábamos.

 

Te quiero con una rabia mansa, con estas manos que ya no saben qué hacer si no es buscarte bajo las sábanas. Porque quererte no es un idilio de poetas tontos, es esta sed de perro, este cansancio de tenerte en la memoria y no en la boca.

 

Tu lo sabes bonita...

 

Te acordarás, yo estiraba la mano

para que el mar me mojara los ojos.

Reía con el sol puesto en la boca

y el arcoíris bailando en tus muecas.

Esa tarde, mi alma se estiraba hasta el cielo

y no había estrellas de dónde sostenerse.

 

"Y si no hubo estrellas, fue porque esa tarde toda la luz se había quedado atrapada en tu risa, dejando al cielo a oscuras, solo para que nosotros aprendiéramos a brillar por cuenta propia."

 

Esa era tu magia:

tenías el don de suspender la gravedad bajo tu mirada.

 

Me quitabas el suelo y me dejabas flotando,

sin más peso que las ganas de quedarme ahí.

 

Tu boca era un arco de estrellas, una trampa tibia, y tus párpados eran un nido de pájaros,

que, al abrirse, me regalaban de golpe todo el cielo.

 

m.c.d.r

  • Autor: m.c.d.r (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 6 de marzo de 2026 a las 23:45
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 2
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