El vértigo: La velocidad del abismo

mipropiaroma

Es fácil convencerse:
no cuesta tanto soltar a quien, quizás,
nunca terminaste de conocer.
Pero mientes.

Es conducir a trescientos por hora, ver el freno a tus pies y no atreverse a usarlo.
No por ganas de estrellarse, sino por esa curiosidad suicida de ver hasta dónde aguanta el motor.
 
Te preguntas: ¿para qué olvidarla si el azar es posible? Y te aferras a diseccionar silencios,
a buscarle un sentido a su indiferencia.
 
Juras que son solo imaginaciones, pero te mueres por la colisión de un beso.
Por poseer el caos que ella emana.
 
De pronto, la caída: la nube se disuelve en una migaja. “Me conformaría con un ‘hola’ y una sonrisa honesta”.
 
Después del “tal vez”, siempre muerde el “no creo”. No creo ser su tipo. No encajo en su mapa. Ella se ve tan sólida... ¿por qué iba a querer este naufragio?
 
A mí: un ser incapaz de sostenerle el brillo de los ojos. El mismo que, al cruzarse con ella,
prefiere estudiar el suelo temiendo olvidar cómo se camina, mientras los pulmones se declaran en huelga.
 
Así entras en el bucle. Sin salida.
Hasta que el cansancio te anestesia, hasta que otra obsesión te salva, o hasta que la vida te golpea tan fuerte que acabas besando el asfalto, arrepintiéndote de no haber saltado al vacío cuando tuviste la oportunidad.
  • Autor: Mi propia Roma (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 6 de marzo de 2026 a las 16:03
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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