Si yo hubiera sabido que el amor
era esta luz que late en el descuido,
este río de presencia que nos inunda
mientras te miro, distraída, y el mundo se detiene.
¡Ah, sí me hubieran dicho que la vida
estaba en el roce mínimo de tu mano,
en esa caricia que es un pájaro de fuego
volando entre los muebles y los días!
No habría buscado el nombre de los astros,
porque el cielo era tu pecho al despertarme,
un sueño compartido como un fruto que se abre,
un beso al aire que es, de pronto, todo el viento.
¡Qué hermosa la simpleza de existir
cuando el amor no es ruego, sino entrega,
cuando la sangre sabe que su cauce
es este estar aquí, sencillamente vivos!
Habría aceptado el mundo en tu mirada,
esa ilusión que nace de lo eterno cotidiano,
y me habría arrojado al centro de tus horas
como quien se lanza al mar,
feliz de naufragar en tu costumbre.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de marzo de 2026 a las 11:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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