I
Libertad, llama viva de la aurora,
respiras donde el alma quiere alzar
sus alas sobre muros y memorias
que el miedo quiso siempre encadenar.
Eres rumor de ríos en la piedra,
claridad que despierta al caminar;
ningún imperio pudo detenerte,
ni sombra alguna te logró domar.
II
Naces donde la voz se vuelve firme
y el hombre aprende al fin a disentir;
allí donde la duda abre caminos
y el pensamiento empieza a resistir.
No llevas cetro, trono ni corona,
ni exiges templos para florecer;
te basta un corazón que no se rinda
para volver al mundo a renacer.
III
Te he visto en manos alzadas contra el viento,
en labios que no temen pronunciar
verdades que incomodan al silencio
de quienes solo quieren gobernar.
Eres la brisa limpia en la montaña
que el miedo no consigue apresar;
tu nombre corre libre por los campos
como un caballo que aprendió a volar.
IV
A veces te persiguen los tiranos
como si fueras llama que apagar;
levantan muros, hierros y decretos
creyendo que te pueden encerrar.
Mas vuelves siempre en voz inesperada,
en canto que se niega a callar,
porque la libertad no es solo un sueño:
es la raíz que insiste en brotar.
V
Te guarda el campesino en su silencio,
te lleva el marinero en su mirar;
el niño te pronuncia sin saberlo
cuando se atreve al mundo a preguntar.
No eres un lujo escrito en viejas leyes,
ni un lema que se aprende a repetir;
eres la forma más profunda del hombre
cuando decide al fin vivir.
VI
Libertad, no eres solo grito ardiente,
también eres paciencia y claridad;
eres la lenta obra de los pueblos
que aprenden cada día a caminar.
Porque quien nace libre debe siempre
cuidar el suelo donde ha de pisar,
y recordar que el vuelo más profundo
nace del arte de responsabilidad.
VII
Te he visto en libros abiertos en la noche,
en voces que se niegan a mentir;
en manos que construyen lentamente
la frágil arquitectura de existir.
Porque tu forma es siempre delicada,
como cristal que aprende a resistir;
y basta un solo gesto de coraje
para volverte al mundo a repartir.
VIII
Eres la luz que rompe las tinieblas
cuando la historia vuelve a oscurecer;
la chispa diminuta en la conciencia
que enseña al hombre a no retroceder.
Sin ti el poder se vuelve sombra fría,
sin ti la ley se vuelve arbitrariedad;
solo contigo el tiempo se convierte
en camino hacia la dignidad.
IX
Te alzas en plazas llenas de memoria,
donde la voz del pueblo quiere hablar;
allí donde los siglos se recuerdan
que nadie fue nacido para arrodillar.
Eres la historia escrita en cada paso
que el hombre decide conquistar;
un pacto silencioso entre los vivos
de nunca el alma volver a entregar.
X
A veces pareces frágil como el viento
que apenas roza el borde del lugar;
pero en tu calma guardas la tormenta
capaz de todo el mundo transformar.
Porque la libertad no se concede,
ni nace del favor ni del azar;
se forja lentamente en cada gesto
de quien se atreve a no obedecer.
XI
Libertad, eres voz de los que fueron
y aliento de los que vendrán detrás;
eres la sangre viva de la historia
que nadie ha conseguido silenciar.
Y aunque los siglos cambien sus vestidos
tu llama sigue intacta al caminar,
porque en cada conciencia que despierta
vuelves de nuevo a comenzar.
XII
Por eso canto hoy tu nombre abierto,
libertad clara del humano ser;
no como grito breve de victoria
sino como destino de crecer.
Que nunca el miedo vuelva a encarcelarnos,
ni el odio nos obligue a retroceder;
que el hombre guarde siempre en su conciencia
la dignidad profunda de ser libre.
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Autor:
Efrain Eduardo Cajar González (
Offline) - Publicado: 6 de marzo de 2026 a las 00:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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