LUCIDEZ AMARGA

Miguel Aiuqrux


A la luz le ordenó que se marchara.
Repitiendo su mantra.

(Sí, me quemé… pero volé;
me alcé sobre sus alas
y contemplé sus paisajes:
desiertos silenciosos,
murallas antiguas
y zaguanes abiertos al tiempo.)

La luz apenas parpadeó,
imperturbable.

Una y otra vez escupía palabras,
oscilando entre la fe y el escepticismo,
mientras una sonrisa cínica
se dibujaba en el umbral de su destino.

Observaba sus pasos al caminar;
la neutralidad de sus pies
trazaba una extraña balanza
entre la derrota y el triunfo.

Las palabras y la voz que tanto amó
eran ahora solo ruido de aventuras,
ecos lejanos;
y su presencia,
la de un espectador de relleno
perdido entre bastidores.

Aquel que se inmoló
por acercarse demasiado al sol.

El mantra volvía a repetirse

(Sí, me quemé… pero volé;
me alcé sobre sus alas
y contemplé sus paisajes:
desiertos silenciosos,
murallas antiguas
y zaguanes abiertos al tiempo.)

Y su sonrisa, torcida en medio lado,
dejaba entrever el leve cinismo
de aquel ensayo que la mente escribía
en las páginas invisibles del pensamiento.

Cuyo título —breve y severo— era:
lucidez amarga.

  • Autor: Miguel Aiuqrux (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 5 de marzo de 2026 a las 21:49
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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