Si yo hubiera sabido
que el amor no era el rayo que calcina,
ni el alto mármol de los sueños fríos,
sino este oficio de existir, sencillamente.
Si alguien me hubiera dicho que habitaba
en la mirada distraída, en el asombro
de verte caminar por el pasillo
como quien cumple un rito sin saberlo.
Qué torpe fue el deseo de imposibles,
mientras la vida, con su mano leve,
me ofrecía la paz de tu caricia
y ese sueño común de cada tarde.
Haber sabido, entonces, que el destino
era el beso lanzado hacia el vacío
o el despertar sereno bajo un cielo
que nada nos promete, y nos da todo.
Habría aceptado el don de lo cotidiano,
la humilde servidumbre de estar vivo
al lado de tu cuerpo,
sin más ambición que la de verte
siendo tú misma, clara, entre las cosas
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de marzo de 2026 a las 11:16
- Categoría: Sin clasificar
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Offline)
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