Llega la vejez despacio, como lluvia en el cristal,
no golpea con estruendo, se acomoda sin hacer mal.
La voz se vuelve más suave, pero firme en su razón,
porque el tiempo fue tallando claridad en el corazón.
Los sueños ya no son prisa, son hoguera en el hogar,
ardiendo con llama tibia que no se quiere apagar.
Y aunque el cuerpo pida pausa, el espíritu es audaz:
quien ha vivido profundo, ya no le teme al jamás.
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Autor:
Samtii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de marzo de 2026 a las 07:53
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2

Offline)
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