No hace falta que el mundo sepa cuánto te amo,
ni que escuche el estruendo de lo que aquí yo clamo.
Basta con que tú sepas que eres mi existir,
la razón que me impulsa a luchar y a vivir.
Estaré en tu tristeza, en tu gozo y tu calma,
en la salud que brilla o en el dolor del alma.
En la luz del domingo o en la noche sombría,
seré tu puerto firme, seré tu compañía.
El amor tiene cumbres y valles de agonía,
mas el respeto habita en nuestra cercanía.
Y aunque el error humano nos robe la sonrisa,
pedir perdón es noble si el alma tiene prisa.
Nadie tiene derecho a dañar tu dignidad,
pues amar es cuidarse con total lealtad.
Si alguna vez el daño cruzó por mi camino,
perdona el desacierto de mi humano destino.
Hoy te ofrezco la paz de elegir con libertad,
sin ira, ni rencores, solo con la verdad.
Deseo que seas feliz, conmigo o sin mi mano,
pues el amor que eleva no puede ser tirano.
Porque el amor de veras, el que el cielo levanta,
siempre perdona todo y el alma te agiganta.
Aquí estaré en silencio, velando tu camino,
siendo el nido seguro que trazó el destino
-
Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de marzo de 2026 a las 06:44
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.