I
Llegaste como un lucero
iluminando la casa,
Nathan Abel, nieto amado,
la mayor de nuestras gracias.
Eres la risa constante,
la alegría que no pasa,
un manantial de agua fresquita
que nuestra sed apacigua.
II
Niño noble y cariñoso,
de corazón tan sincero,
con tus abrazos chiquitos
nos detienes el lucero.
Eres el único nieto,
nuestro amor más verdadero,
la semilla de esperanza
que florece en el estero.
III
Damos gracias al Señor,
al Dios de la inmensidad,
por mandarnos este ángel
lleno de tanta bondad.
Tu nombre lleva mi sello,
tu alma, la libertad,
y en tus ojos vemos siempre
la más pura claridad.
IV
Que Dios guíe tus caminos,
mi pedacito de cielo,
que crezcas fuerte y gallardo
bajo este sol de desvelo.
Aquí tienes a tus abuelos
que con fe y con gran anhelo,
le piden al Padre Eterno
siempre seas nuestro consuelo.
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Autor:
El Cojedeño de Oro (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 4 de marzo de 2026 a las 23:09
- Comentario del autor sobre el poema: • La alegría: El poema destaca que “Nathan Abel” es el motor de felicidad en el hogar, usando metáforas como el \\\"lucero\\\" y la \\\"risa constante\\\".\r\n• La nobleza: Resalta el carácter cariñoso del niño, algo que para los abuelos es el rasgo más valioso.\r\n• Gratitud divina: El poema funciona como una oración de agradecimiento, reconociendo que el nieto es una bendición directa de Dios.\r\n• El legado del nombre: Al llevar el nombre \\\"Abel\\\", se establece una conexión generacional directa y profunda con el autor.\r\n
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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