El déjà vu irrumpe como un relámpago lento en la médula del instante….
De repente, el mundo se detiene en un suspiro de vidrio:
la taza humeante que roza los labios,
el rumor de pasos en la acera mojada,
la risa que flota en el aire como polen dorado…
todo exhala un perfume antiguo, a a my griffe
A un aroma que nuestra alma ya inhaló en otra vida que no recuerdas haber vivido…
No es recuerdo. Es resonancia.
El tiempo se pliega como una sábana vieja, y por un latido el presente se acurruca contra el pasado, se funde con él en un abrazo imposible…
Sientes que has estado aquí antes
-no con el cuerpo, sino con el hueso mismo del que este momento ya fue tallado en la carne invisible de tus sueños…
en las vetas profundas donde el inconsciente guarda sus mapas sin fronteras…
La luz se curva, los contornos tiemblan como agua perturbada por una piedra caída hace siglos. Las agujas del reloj se derrite en silencio sobre la mesa del alma; las agujas se doblan, se entregan, se rinden al peso de lo eterno…
Y en esa grieta luminosa, el yo se asoma a un espejo roto:
Ves tu propia silueta repetida, levemente desplazada,
como si alguien hubiera caminado tu camino antes de que tú nacieras para recorrerlo…
No es profecía ni maldición.
Es la psique abriendo una ventana al jardín secreto donde los arquetipos duermen entre raíces de tiempo.
Un árbol primordial extiende su sombra sobre la escena cotidiana, y por un instante sus hojas susurran tu nombre en lenguas olvidadas…
El pulso se acelera, la piel se eriza como si el viento trajera ecos de conversaciones nunca pronunciadas.
Luego, tan rápido como llegó, la ola retrocede.
La razón regresa con su linterna fría, sacude la cabeza, murmura “ilusión neuronal”.
Pero queda el temblor, la huella tibia en el pecho: la certeza fugaz de que, por un aliento robado al reloj, tocaste la urdimbre luminosa que teje todos los instantes en un solo tapiz sin fin…
El déjà vu no es falla.
Es la poesía del alma recordándonos que somos más antiguos que nuestro nacimiento, que llevamos dentro un océano de ecos donde lo nuevo siempre llega disfrazado de lo más viejo del mundo.
Y en esa fracción de eternidad, cuando el velo se adelgaza, sientes
-no piensas, sientes-
que el tiempo no es línea, sino espiral:
un latido que regresa una y otra vez, susurrando siempre la misma verdad callada: has estado aquí.
Y volverás…!!! Volverás!!!
Mané Castro Videla
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Autor:
Mané (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 3 de marzo de 2026 a las 18:26
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- Usuarios favoritos de este poema: Mane Castro Videla

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