Las eses caen al suelo como escamas de cobre,
rebotan en el asfalto y se esconden bajo el capó de los coches.
Un hombre de cristal dice «Buen día»
y se le queda el labio colgando de un hilo invisible.
El plural ha muerto en el congelador de la oficina,
era una fiesta de frutas, una orquesta de horas,
un desfile de soles que ya no caben en la boca.
Ahora el saludo es un cubito de hielo
que se lame con prisa antes de que el reloj lo decapite.
Vuelan las eses hacia el sur, buscando un nido de sílabas,
mientras nosotros, remilgados y estrechos,
saludamos con un alfiler de plata clavado en la lengua.
«Buen día», dice el autómata,
y el aire se vuelve un pasillo blanco,
sin ecos, sin mañanas, solo un cero absoluto
vestido de etiqueta.
-
Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 3 de marzo de 2026 a las 17:09
- Comentario del autor sobre el poema: ... puede que solo ocurra en España, pero, por si acaso...
- Categoría: Sociopolítico
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.