Un carajal

Alberto Escobar

 

Incesante. Incesantemente. Las bombas. Así caían. Al suelo. A un suelo que era ya incapaz (a esa altura de las bombas) absorber más metralla, más inconsistencia, más insensatez, más violencia por la violencia, por el culto a la testosterona, por la adoración barata y sin sentido de esa parte del hombre — y digo hombre con intención— que rima con la animalidad más animal, con la supervivencia imbécil porque no supervive de nada, de un imaginario ataque, de un desvío azaroso y trágico del poder casi omnímodo que posee ese quilo y medio que se halla instalado en lo más alto de tu anatomía, dentro de un cajón desastre de hueso y ternilla. 
Incesante, sí, y no se divisa solución allende el horizonte, ese que raya el cielo, ese que, a la hora de la víspera, va enrojeciendo de vergüenza, ese que, a pesar de los pesares, no se llega a caer sobre nuestras cabezas (por suerte). No me gusta hacer puntos y aparte aunque lo hice resién, como dicen mis hermanos allende el charco jaja). Sí, lo estoy viviendo, de refilón por suerte, a través de una sobrina que se encuentra en una cárcel de oro en estos momentos, deseando desposeerse de la servidumbre que el lujo ejerce para volver a sus orígenes, a aquel lugar desde el que soñó con esta cárcel que ahora la estrecha, la aprisiona, y que, en un principio, ejerció sobre ella la fascinación de la cobra sobre el encantador de cobra, sin darse cuenta de que quien encanta a quien es justamente la inversa del cuento que nos han contado de pequeños y que de mayor no sirve (y no solo no sirve, sino que se convierte en un fardo innecesario y limitante sobre el impoder progresivo de un lomo que se va cansando de kilómetros y kilómetros de camino, casi siempre cuesta arriba).
Sigue (según compruebo en el grupo familiar de guasa) la incesantez del conflicto, la complicación de vidas que significa la idealidad del que manda, que arrastra con su insensatez y egotismo a todo un carajal de gente que solo puebla el mundo por azar, y hace lo que dios le da a entender para no ser absorbidos por un agujero negro. 

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  • Autor: Albertín (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 3 de marzo de 2026 a las 08:29
  • Comentario del autor sobre el poema: Estamos, estuvimos y estaremos de vueltas con lo mismo: la insensatez humana —que es la más profunda de todas las insensateces—.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1
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