A solas con la noche, que me arropa en mi desgracia.
La puerta cerrada, al igual que las cortinas, me producen ceguera,
y afuera los arboles están limpios, como si no lloviera.
El paso lento de las gotas, al fin tuvo su gracia.
No ayudan, se quedan varadas bajo el tiempo.
La grandeza de las nubes, se cambió por la neblina,
y con ella somos, un ciego sin su guía.
Las almas permanecieron quietas, sin hacer un solo movimiento.
Nuestros ojos funcionaron una vez, y se perdieron en segundos turnos,
cuando el revés de ellos, miraron más profundo.
No importa que, recuperarlos es imposible.
Poco le queda a este poema, y muchos superarán su nivel,
con delicadeza extraigo la tinta, haciendo que repose en el papel.
Para curar la soledad, que me provoca esta noche.

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