Cuento Corto: Lluvia en el Corazón
Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez Sánchez
Seudónimo: EMYZAG
Había una vez una caja de cristal y dentro de esa caja de cristal estaba allí la niña de nombre Sara. A Sara le gusta la lluvia y más si cae la lluvia desde el cielo como debe de ser, pero, la lluvia no cae en el corazón de Sara si la lluvia es todo para ella. La lluvia es agua y el agua es vida. A Sara le agrada que su caja de cristal en pertenecer a la lluvia que empapa al cristal de esa caja de cristal. Si la lluvia cae en forma vertical en el cristal de esa caja de cristal donde se encuentra Sara, es porque ella observa a esa gota de lluvia caer y desear pertenecer a esa gota de lluvia era su más y gran deseo. A Sara un día lleno de sol donde no cayó ni una gota de lluvia, ella, extrañó tanto a la lluvia que sólo dejó caer una gota de agua del vaso que tenía lleno de agua para sentir que la lluvia cae desde el cielo y más en su corazón. Sara se empapó del agua y aunque quiso ver la gota de lluvia caer en el cristal de esa caja no lo superó jamás en su corta existencia por el paso de su vida. Sara siempre pudo saber algo y es que el deseo de ver caer a la lluvia la hacía sentir más segura y más insensata de todas las niñas. Sara creció y creció y cuando veía caer a la lluvia empanado el suelo o el cristal desde su ventana sólo recuerda a aquella caja de cristal donde se guarecía cuando era niña y que jugaba con la lluvia caer desde el techo de la caja de cristal. La gota de lluvia para Sara era todo desde reflejarse en esa gota llena de agua y vida, y ver a su rostro reflejado en esa gota de agua y vida y que era la lluvia caer en la caja de cristal. Sara y su ímpetu en saber que la lluvia era todo para ella recuerda cuando de niña quiso ver la gota lluvia en el cristal de esa caja y que recreó a esa gota de lluvia con el agua de un vaso que tomaba, ella sólo quiso ver entonces al sol. Sara supo algo de esa gota de lluvia y es que la lluvia es agua y el agua es vida y que nadie podía sentir que esa gota lluvia era su propio rostro y que ella y nadie más que ella así veía y sabía que su rostro era la gota de esa lluvia. Sara creció y se miró al cristal de esa ventana que tenía de frente cuando se desató la lluvia en el cristal de esa ventana y Sara supo algo que el sol secó a esa gota de lluvia y jamás volvió a sentir que la gota de lluvia lo era todo para ella hasta que se enamoró. Sara lloró perdidamente a ese amor cuando la gota de lluvia cayó en su corazón y eran sus laǵrimas de dolor que petrificó a la vida y la herida en su corazón, pero, Sara supo algo más que el sol secó a esa lágrima con otro día, otra mañana y con otro amor en el corazón. Sara quiso ser la lluvia en el corazón, pero, recordó que la caja de cristal se había roto en pedazos cuando ella creció y no podía jugar más en esa caja de cristal. Sara pensó y pensó cómo la gota de lluvia hacer caer desde el cielo y que pueda caer en su débil corazón que llora perdidamente el amor de un hombre. Sara lloró penitentemente que soslayó de tal forma y manera que el deseo de Sara era tener una gota de lluvia en su corazón y así lo logró con llorar insistentemente y sentir que la gota de lluvia cayó en su corazón. Sara fue a donde Dios, y en dónde lo encontró, pues, en la iglesia y le preguntó a Dios que…
-“Dios, ¿cómo tener la gota de lluvia en el corazón…?...”-,
Dios no le contestó por ésta vez, porque se halla ocupado con otras cosas más importantes se dijo Sara. Sara se dirige a su hogar y acude a realizar la confección de una caja de cristal para ella tener la gota de lluvia en su corazón como siempre se imaginó en su corazón. Sara se adentra a la caja de cristal y llueve persistentemente y no hubo sol en días y quedó allí varada dentro de la caja de cristal. Sara le pregunta a Dios nuevamente desde la caja de cristal que…
-“Dios, ¿cómo tener la gota de lluvia en el corazón…?...”-,
Sara y aquél hombre, por el cual, lloró insistentemente buscó a Sara en esa caja de cristal en su hogar y lloró tanto y tanto y tan fuertemente que una lágrima como la gota de lluvia cayó en su corazón de alegría y murió Sara de un infarto. Sara llegó al cielo e insistentemente le continúa preguntando a Dios que…
-“Dios, ¿cómo tener la gota de lluvia en el corazón…?...”-,
Dios sin contestar aún. Hasta que Sara entendió que la gota de lluvia en que ella veía a su propio rostro nunca podía entrar en su corazón porque la gota de lluvia terminaba cayendo en el cristal y no en su corazón.
FIN
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Autor:
EMYZAG (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 3 de marzo de 2026 a las 00:02
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 2

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