No siempre sabemos
qué historia respira detrás de una mirada seria,
ni cuántas veces alguien aprendió a sonreír
mientras se rompía por dentro.
Nos cruzamos con personas
como si fueran páginas sueltas,
sin leer el libro entero
que las noches escribieron en ellas.
Decimos “exageras”,
sin haber sentido la grieta.
Decimos “olvida”,
sin haber sostenido el peso.
Pero no estamos en sus zapatos.
No sentimos la piedra pequeña
que lleva años lastimando el mismo punto.
No sabemos si camina con miedo,
si arrastra despedidas,
si aprendió a endurecer la voz
para que no noten el temblor.
Comprender
es un acto humilde.
Es bajarse del orgullo
y sentarse en el suelo del otro.
Es aceptar que cada reacción
tiene una raíz invisible.
Que nadie se vuelve distante sin motivo.
Que nadie levanta muros
si no ha sentido el frío del abandono.
La complicidad no es pensar igual.
Es atreverse a mirar con ternura
lo que no entendemos.
Es preguntar sin invadir.
Escuchar sin interrumpir.
Abrazar sin condiciones.
Es quedarse
cuando sería más fácil juzgar.
Es tender la mano
cuando el otro no sabe cómo pedirla.
Porque comprender
no es ponerse exactamente en sus zapatos,
eso es imposible…
es caminar al lado,
al mismo ritmo,
aunque el camino no sea el tuyo.
Y cuando logramos eso,
algo cambia.
El juicio se vuelve silencio.
La dureza se vuelve empatía.
La distancia se vuelve puente.
Y entonces descubrimos
que entender a alguien
no es descifrarlo…
es respetar su proceso
y acompañar su paso.
Sin exigirle que corra.
Sin pedirle que sea distinto.
Solo estando.
Porque a veces,
lo que más sana a una persona
no es que la entiendan perfectamente…
sino que intenten hacerlo
con el corazón abierto.
2/02/2026
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Autor:
Daniii (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 2 de marzo de 2026 a las 20:05
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 0

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