Pollo Asado

Vale Moran

Vuelta y Vuelta”

6:00 a.m.

Suena la alarma. El agua ya está en el fuego, marcando el primer compás del día. Tengo cinco minutos: el tiempo exacto en que hierve y me despejo.

Saco al perro, ventilo, doy de comer al gato. Todo está cronometrado como una coreografía invisible. Qué ironía: nadie me dijo a los quince que la vida adulta sería esto, un reloj que no se detiene.

A los dieciocho soplé las velas y me prometí que tendría auto, casa, libertad. “Voy a hacer lo que quiera”, dije, y me reí. Hoy me sigo riendo, pero entre dientes.

Camino.

—Buen día, Isabel —le digo.

Ella ya está ahí, balde en mano, limpiando su vereda como si fuera un pequeño reino. Defiende cada baldosa como si en eso se le fuera la vida. Tal vez se le va.

Me apuro. En tres minutos pasa el tren de carga, y si lo pierdo, me quedo cuatro minutos mirando los vagones arrastrarse. Acelero. Llego. Casi.

El verdulero, testigo de mis carreras, me grita:

—¡Casi, casi!

Yo asiento con la cabeza casi sin aire-

Me da mi banana y dos manzanas. Ya las tiene separadas, como siempre.

—Gracias, ahora te paso la plata.

Tres cuadras más. Inhalo, exhalo veintiún veces. Lo aprendí en el libro " La paz en tu mente."

El aire entra, el aire sale, en la mitad me interrumpe como siempre Matilde que me adelanta que mañana hay alerta de tormenta.

---

 

Puerta del edificio.

El trabajo que me gané, o eso creo. Piso diez.

Discuto conmigo misma: ¿ascensor o escalera?

Gana el ascensor. Ayer hice ejercicio —era martes— y eso, parece, me otorga permiso para rendirme.

Ficho 7:58. Am

“¡Ay!”, me digo, ya pasaron dos horas desde que abrí los ojos.

Cuelgo la campera, la cartera. Entro.

Saludo a Omar, prendo la computadora, preparo café, me desplomo.

Miro por la ventana: pasa el camión de la basura.

Deben ser las 8:15. Am

Y ahí van “los lindos”: mamá, papá, tres niños que ríen y caminan rápido. Los miro todos los días. Imagino sus historias. Tal vez son felices. Tal vez no.

Tardan tres minutos en desaparecer.

En treinta y seis minutos exactos entrará mi jefe, y según cómo haya dormido, así será mi jornada.

La previsibilidad también cansa.

 

13:00. Pm Almuerzo. Algo rápido, antes de que me venza la pereza.

Miro otra vez por la ventana. Ya los reconozco a todos: el señor del traje gris, los adolescentes que se empujan, la madre de tacos que viene a toda prisa con los chicos del jardín, y Don Manuel ( el nombre me lo imaginé) con su ramo de flores rojas.

¿A quién le lleva esas flores todos los días?

Pienso que debe ser amor o culpa. O las dos cosas.

16:00. Pm Suena el timbre del colegio de al lado por ende anuncia mi salida.

Llego a casa, reviso el celular, contesto lo necesario, lavo ropa, miro el parque y me digo este finde le voy a poner ganas al pasto.

17:00. Pm Psicóloga.

18:00. Pm camino por el parque —por obligación, no por inspiración.

19:00. Pm Supermercado. Oferta del día, hasta en eso soy estrategia pura.

20:00. Pm cocino.

Me siento en el sillón, escribo dos o tres líneas y escucho el ascensor.

Debe ser Raúl, el vecino que llega siempre a la misma hora.

22:00. Pm Me acuesto boca arriba y luego de costado.

Repaso el día.

Hace quince años que mi vida es un pollo asado.

¿Lo ven? ¿Lo sienten?

Vuelta y vuelta y vuelta… hasta el final que ya sabemos.

Me duermo sabiendo que mañana será igual.

¿Será que la vida es así?

Jardín, escuela, secundaria, universidad, trabajo, jubilación.

Una cinta transportadora de días, todos con la misma cara.

La vida segura decía los grandes.

El almanaque avanza.

Quizás en tres meses viaje con dos amigas, tres días, si los planetas se alinean.

Leo, medito, rezo, hago caridad, me visto bien.

Todo milimétrico. Todo bajo control.

La orden válida mi vida.

---

 

6:00 a.m.

Suena el despertador.

Bajo. Miro a Isabel, que ya está con el balde en la mano.

Y, de pronto, decido doblar para el otro lado.

El aire huele distinto, como si fuera la primera vez.

Alzo la mirada.

Mi pecho choca contra un hombre que jamás vi en mi vida.

El celular rueda por el suelo.

Él se agacha, me sonríe, me lo alcanza.

 

—Buen día —dice.

—Buen día —respondo.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Sos nueva por acá?

—Eh… no. Bueno, sí. En realidad, solo cambié el recorrido.

—¿Vas para el centro?

—Sí.

—Te acompaño.

—Gracias.

Y en ese gracias se me desarma la rutina.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sé qué hora es.

  • Autor: Vale Moran (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 2 de marzo de 2026 a las 10:53
  • Comentario del autor sobre el poema: A veces es minimo lo que tenemos que hacer.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 6
  • Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.
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