Cuida tu corazón,
no como quien guarda un objeto frágil en una vitrina,
sino como quien protege un fuego
en medio del viento.
Porque el mundo sopla.
Sopla con palabras que pesan,
con silencios que duelen más que los gritos,
con despedidas que llegan sin aviso
y abrazos que prometen eternidad
pero aprenden a soltarse.
Cuida tu corazón
cuando te enamores de lo imposible,
cuando pongas tu fe en manos temblorosas,
cuando entregues todo
sin pedir garantías.
No lo cierres.
Pero tampoco lo dejes abierto
como puerta sin bisagras.
Tu corazón no es una plaza pública
donde cualquiera deja su ruido.
Es un templo antiguo,
con grietas hermosas,
con paredes que han escuchado oraciones
que nadie más conoce.
Cuídalo cuando falles.
Cuando mires atrás
y sientas que pudiste haber sido más,
haber dicho más,
haber amado mejor.
Cuídalo cuando logres algo grande
y la soberbia quiera vestirse de mérito.
Recuerda:
el corazón se daña tanto por el orgullo
como por la tristeza.
Habrá noches en que sentirás
que late demasiado fuerte,
como si quisiera escapar del pecho.
No es debilidad.
Es vida recordándote
que aún estás sintiendo.
Habrá mañanas
en que apenas susurre.
No es vacío.
Es descanso.
Cuida tu corazón
de las promesas que brillan
pero no alumbran,
de las miradas que dicen “quédate”
mientras los pies ya están lejos.
Cuídalo también de ti mismo,
de tu costumbre de exigirte más de lo humano,
de compararte con sombras,
de medir tu valor
con reglas que nunca fueron hechas para ti.
Tu corazón sabe cosas
que tu mente tarda años en entender.
Sabe cuándo un “para siempre”
es apenas un instante disfrazado.
Sabe cuándo una amistad
es hogar.
Sabe cuándo un abrazo
cura más que mil palabras.
Escúchalo.
Pero no lo dejes gobernar solo.
Enséñale límites.
Enséñale que amar
no es deshacerse.
Cuida tu corazón
cuando alguien se marche
y te deje el eco.
No tapes el dolor.
Déjalo pasar como lluvia.
Las tormentas no destruyen al árbol
si sus raíces están profundas.
Y tú tienes raíces.
Eres más que tus pérdidas.
Más que tus errores.
Más que las veces que lloraste
sin que nadie lo supiera.
Cuida tu corazón
como quien riega un jardín
aunque todavía no vea flores.
Porque un día,
cuando mires atrás,
entenderás que cada herida
lo hizo más sabio,
cada caída
más fuerte,
cada amor
más verdadero.
Cuida tu corazón,
no para que no sufra,
sino para que,
a pesar de todo,
nunca deje de latir
con ternura.
1/03/2026
-
Autor:
Daniii (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 1 de marzo de 2026 a las 23:18
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 0

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.