El Negocio Perfecto

Luis Barreda Morán

El negocio perfecto

Aquel que prometió desde el estrado «no más sangre» mientras la multitud coreaba esperanza, hoy firma contratos de misiles con tinta de oro en despachos de mármol blanco, y sus cañones siegan vidas en desiertos donde nunca pondrá sus pies. Luego envía retroexcavadoras que reconstruyen puentes, escuelas y mezquitas, cobrando al enemigo de ayer el doble por cada ladrillo que sus bombas deshicieron.

Desde una tribuna arenga «mano dura contra el polvo blanco que mata juventudes», mientras sus bancos giran millones en cuentas de paraísos fiscales opacos, y las rutas de la coca están trazadas en mapas que duermen en su caja fuerte. Porque ningún cargamento cruza la frontera sin un sello que él mismo ha vendido, y el adicto se pudre en la cárcel mientras el traficante brinda en su fiesta de etiqueta.

Con gesto grave anuncia una cruzada santa contra el cáncer que nos devora, al tiempo que sus manos sostienen acciones de tabacaleras que nunca declaró, y su gobierno subsidia el azúcar que envenena las venas de los niños pobres, mientras las multinacionales de la comida química pagan su próxima campaña. Luego posa con una camiseta rosa en maratones benéficos para limpiar su conciencia.

Proclama desde la tribuna de la ONU «salvemos el planeta, es nuestra única casa», pero su jet privado quema queroseno sobre bosques que financia talar, y en las cumbres del clima firma acuerdos de humo mientras vende petróleo a escondidas. Porque la foto abrazando un árbol vale más que mil hectáreas de selva en pie, y el discurso verde es el mejor disfraz para seguir explotando el vientre de la tierra.

Predica la igualdad en colegios de élite con uniformes de pobre diseñados, mientras sus hijos estudian en universidades que él mismo desfinancia, y habla de oportunidades para todos con los mismos labios que recortan becas. Porque la educación pública es un estorbo cuando las empresas necesitan mano de obra dócil, y un título universitario no debe estar al alcance de quien podría cuestionar el sistema.

Organiza cumbres contra el hambre en hoteles cinco estrellas con menú degustación, mientras los transgénicos de sus amigos acaparan tierras que antes daban maíz, y la ayuda internacional llega en forma de semillas que no pueden replantarse. Porque un campesino dependiente es mejor negocio que uno que cosecha su libertad, y el pan nuestro de cada día que las ONG reparten es el precio que pagamos por mantener el orden establecido.

Levanta estatuas a los héroes de la patria mientras borra la historia de los vencidos, y declara días de la memoria con discursos que condenan el olvido, pero sus libros de texto omiten las masacres que financiaron su apellido. Porque un pueblo sin memoria es más fácil de vender al mejor postor, y la identidad nacional es un traje que se pone y se quita según convenga al negocio.

No es la incoherencia de un loco que gobierna sin saber lo que dice, es el plan perfecto de quien entiende que el dolor ajeno es el mejor mercado. Porque la paz no deja dividendos pero la guerra sí, la salud no vende pero la enfermedad es un filón, y mientras exista un problema habrá quien lucre con la promesa de solucionarlo. Así que alcemos nuestras copas por este negocio redondo: crear la herida y vender la cura.

—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA 
Febrero, 2026.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 1 de marzo de 2026 a las 07:41
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 0
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