No recuerdo cuánto tiempo fue.
Tal vez meses.
Tal vez menos.
Pero recuerdo las mañanas.
Nos hacían formar.
Pequeños cuerpos alineados,
sol en la cara,
brazo levantado
cantando el Cara al sol
sin entender la letra
ni el peso de las palabras.
Después venía la siesta.
Hamacas.
Calor espeso.
El murmullo de otros niños
que tampoco sabían muy bien
qué estaban aprendiendo.
No dormía allí por la noche.
Mi historia no era la de un interno.
Era algo intermedio.
Un territorio sin nombre.
Y un día
me vistieron de marinero
para hacer la primera comunión
en la Catedral de Sevilla.
El mármol era frío.
La luz, inmensa.
Yo, pequeño y correcto,
como si la infancia fuera una ceremonia.
No recuerdo fe.
Recuerdo obediencia.
Recuerdo el traje blanco
y la sensación de estar representando
algo que no había elegido.
Hoy miro a ese niño
y no lo juzgo.
Cantaba lo que le enseñaban.
Rezaba lo que tocaba.
Se adaptaba.
Y aprendió, sin saberlo,
a sostenerse en estructuras
que no había construido.
Tal vez por eso
ahora necesito entenderlo todo.
Antonio Portillo Spinola
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 1 de marzo de 2026 a las 06:39
- Comentario del autor sobre el poema: Ese soy yo, mis pocos recuerdos de ese espacio de tiempo son solo fotografías, los huecos los he rellenado con poesía.
- Categoría: Sin clasificar
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