Cómo duele disimular que siempre estoy bien.
No entiendo por qué lo hago,
como si mis problemas no existieran
si nadie los ve.
El pecho pesa,
el aire parece escaso.
Mi cuerpo se ha acostumbrado a actuar:
a decir que estoy bien,
a sonreír cuando quiero llorar,
a mostrar mis heridas
como fortalezas.
No entiendo por qué lo hago.
Respiro... pero el aire no llena nada.
En el fondo solo quiero llorar,
y no puedo.
Estoy bloqueado.
No puedo respirar.
Quisiera gritarle a la vida,
que me escuche,
que me comprenda.
Pero el grito se queda dentro,
rebota una y otra vez en mi cabeza,
y cada eco
me duele más que el anterior.
El aire se hace más pesado,
cada inhalación es un esfuerzo.
Me repito que lo superaré,
que no necesito a nadie,
que no es tan grave,
que otros están peor que yo.
Y así me convenzo
de que aguantar
también es estar bien.
Aunque cada noche
me cueste un poco más
creerlo.
Me voy ahogar.
No es que intente ocultarlo,
es que no sé cómo dejarlo salir.
Quejarme parece imposible,
llorar, impensable.
Estoy bloqueado.
El pecho se aprieta,
el aire se escapa sin que pueda atraparlo.
El dolor existe,
pero no puedo tocarlo.
Se queda atrapado
en algún lugar que no controlo.
No puedo respirar.
Cada inhalación quema,
cada exhalación se queda corta.
Me da miedo
ser siempre así,
que alguien mire demasiado.
Que se detenga un segundo más de lo normal,
que pregunte
con esa voz
que no acepta un “estoy bien”.
No sería capaz de mostrar lo contrario,
ni ser sincero con lo que guardo.
No puedo respirar.

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.