SIN TRUCOS DE FERIA
Hay gente que cuelga su suerte
de un hilo rojo o un cuarzo en el pecho,
esperando que el cosmos los mire de frente
y les baje un amor ya cosido y derecho.
Se aprenden de memoria las fases lunares,
lanzan monedas a fuentes vacías,
coronan de ruda pequeños altares
por ver si se acortan sus noches tardías.
Yo, en cambio, nací descreído,
de los que no leen el hilo del sino.
Nunca busqué un mensaje escondido
en los restos del té ni en el poso del vino.
Para mí el azar es un perro que muerde,
la mala fortuna: no saber mirar;
y el que aguarda un milagro, al final siempre pierde
el tiempo precioso que pudo habitar.
Y llegaste tú, rompiendo el esquema,
sin que Mercurio cuidara su sitio,
sin una señal, sin un solo emblema,
sin temblor de la tierra dando el aviso.
No fue por decreto ni por plegaria,
ni el universo trazó el acuerdo:
fue la colisión más extraordinaria
de dos extraviados hallando el recuerdo.
Me gusta que el mundo no se enterara
mientras tú y yo buscábamos salida;
que no te debo a conjuro ni a trampa,
ni a piedra escondida que guarde la herida.
El amor verdadero no llega con ventaja:
no es talismán ni promesa sin fin;
es un golpe de luz que de pronto trabaja
en dos que se eligen —y empiezan a oír.
Y llegaste tú, rompiendo el esquema,
sin que Mercurio cuidara su sitio,
sin una señal, sin un solo emblema,
sin temblor de la tierra dando el aviso.
No fue por decreto ni por plegaria,
ni el universo trazó el acuerdo:
fue la colisión más extraordinaria
de dos extraviados hallando el recuerdo.
Guarda tus cartas, apaga la llama:
aquí no hay misterio que investigar.
La única suerte que habita en mi cama
es que, entre tantos, supimos estar.
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Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de febrero de 2026 a las 05:53
- CategorÃa: Amor
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

Offline)
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