LUNES

sebastianRL

Irrumpe con la voz ronca en la mañana,

con la luz fría del destino,

con la quietud que no consuela.

Nuestros cuerpos se mueven por deber, más que por instinto, 

Con el peso de un hierro que nos tumba de nuevo a la cama.

 

Es el inicio del ciclo que nos dicta nuestro encierro,  y el corazón se detiene un instante más a recordar el ayer,  el tiempo recupera su ritmo,  La rutina se acomoda,  como si siempre hubiera estado esperando,  y el silencio ocupa su lugar.

 

Sabemos que nos vamos a extrañar

antes de que ocurra.

Y aun así, ocurre.

 

La puerta se cierra con normalidad,

pero el eco dura más de lo habitual.

 

El día avanza sin dramatismo,

sin tragedia, sin exageraciones.

Solo queda esa sensación leve

de que algo falta

aunque nada esté realmente roto

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