NI LA DISTANCIA SE VA EL PASADO
Me fui tantas veces que mis pasos ya no saben pronunciar la palabra quedarse.
Crucé mares, crucé inviernos que no conocían mi nombre, dejé mi sombra apoyada en aeropuertos y mi voz en idiomas que nunca aprendí del todo.
Viví a dieciocho mil kilómetros de mi propia sangre, tan lejos que el cielo parecía otro, tan lejos que el sol salía con distinta memoria.
Y sin embargo, jamás pude olvidarme de vos.
Te llevé en la valija entre la ropa doblada con apuro, en el silencio de las noches extranjeras, en el ruido del tren que no sabía a dónde iba pero igual partía.
Los amores pasan dicen como si fueran estaciones breves, como si el corazón fuera un cuarto de hotel que siempre queda listo para el próximo huésped.
La vida también pasa como si nada, como si el tiempo no dejara astillas.
Pero no es cierto, el daño del pasado no pasa, se queda, late despacio en los huesos, se esconde detrás de cada sonrisa nueva, susurra en los momentos felices que algo ya fue roto y no volvió a ser igual.
Pasarán años, el destino un día me dirá:
“Hasta aquí llegaste, es hora de partir”.
Y partiré otra vez, como siempre, pero esta vez hacia la tierra.
Y aun entonces, cuando el polvo cierre mis ojos, cuando ya no exista distancia ni caminos, seguiré sabiendo que ni la distancia se va, ni el pasado se marcha, porque hay heridas que no entienden de kilómetros ni de tiempo.
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Autor:
Quinteros Fabian (
Offline) - Publicado: 26 de febrero de 2026 a las 10:19
- Categoría: Triste
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Marie Paule, Antonio_cuello

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