I
Me dijeron: “Ser adulto es cosa seria,
tendrás orden, respeto y dignidad.”
Hoy busco mis llaves en la nevera
y discuto con mi propia ansiedad.
Pago cuentas como quien doma fieras,
hago listas que nunca cumpliré;
mi agenda parece muy sincera…
hasta que el sofá me atrape otra vez.
II
Despertar temprano era el plan perfecto,
productividad en modo triunfal;
pero el botón de “cinco minutos”
es el villano profesional.
Negocia sueños con mi conciencia,
firma prórrogas con mi voluntad;
cuando abro un ojo ya es urgencia
y el café es mi única amistad.
III
Prometí dieta cada lunes santo,
y ejercicio al amanecer;
pero la pizza me mira tanto
que me convence sin discutir.
“Sólo una rebanada”, digo serio,
con tono digno y racional;
termino abrazado al refrigerador
como si fuera un ideal moral.
IV
Trabajo duro frente a la pantalla,
con mirada intensa y pensativa;
aunque en otra pestaña me acompaña
un video absurdo que me cautiva.
Escribo correos muy profesionales,
con saludo firme y cordialidad;
mientras mi mente viaja a lugares
donde la siesta es prioridad.
V
Quise aprender algo sofisticado,
idiomas, finanzas o ajedrez;
descargué una app entusiasmado
que olvidé al tercer día después.
El búho sabio que vive en mi mente
me habla de metas por alcanzar;
pero el gato del sofá, sonriente,
me enseña el arte de procrastinar.
VI
Ser adulto implica compostura,
no reír fuerte en la reunión;
pero un chiste rompe la estructura
y pierdo toda reputación.
Intento volver al tema serio,
con voz grave y profesional;
pero ya soy meme en el hemisferio
digital y laboral.
VII
Hago planes con noble intención:
ahorrar, invertir, crecer;
pero una oferta sin explicación
me hace gastar sin entender.
“Es inversión en felicidad”,
me digo mientras pago en cuotas;
la tarjeta sonríe con maldad
y el banco anota.
VIII
El médico dijo: “Más descanso”,
mi cuerpo aplaudió la decisión;
pero el insomnio tomó el mando
con nocturna conversación.
A las tres de la madrugada
reflexiono sobre el universo;
a las ocho, cara desvelada,
finjo estar fresco y diverso.
IX
Quise ser serio en redes sociales,
publicar frases de superación;
terminé viendo videos virales
de gatos con doctorado en actuación.
Prometí silencio digital,
pero el algoritmo me conoce;
me muestra todo lo trivial
y mi disciplina se descompone.
X
En reuniones opino con aplomo,
asiento como gran estratega;
aunque por dentro sólo me pregunto
si dejé encendida la cafetera.
Hablo de metas y de visión
como experto motivacional;
mientras lucho con la convicción
de que olvidé algo esencial.
XI
Dije que sería organizado,
que tendría todo bajo control;
pero mi cuarto parece atacado
por un ejército sin rol.
“Es caos creativo”, argumento
con tono artístico y profundo;
la verdad es que el orden intento…
pero pierde en el segundo round del mundo.
XII
Y así transcurre mi adultez gloriosa,
entre grandeza y torpeza habitual;
soy estratega en teoría hermosa
y campeón mundial del error casual.
Pero si fallar es condición humana
y reírse es forma de resistir,
entonces mi vida cotidiana
es un éxito difícil de admitir.
Pierdo mis llaves
el café salva el honor
ser adulto duele
-
Autor:
Efrain Eduardo Cajar González (
Online) - Publicado: 26 de febrero de 2026 a las 03:41
- Categoría: Humor
- Lecturas: 1

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