TIERRA SECA.

Nkonek Almanorri

 

 

El enemigo de la memoria

No es en verdad el

Tiempo que

Corre,

Sino el silencio que

Padecemos y

Forzamos.

 

Con el paso de todos los años que han transcurrido uno aún recuerda y hasta siente la ardiente tierra que pisaron mis pies descalzos, pies desnudos hasta los seis años salvo excepciones que se reducían sólo  a los sábados por la tarde cuando con mis padres íbamos al cine y los domingos por la mañana a la misa obligatoria por la autoridad y por una conciencia por descubrir; tiempo de misa este en que mi padre, siempre, se quedaba fuera del templo (¿conciencia quizás de un origen ajeno al impuesto desde siglos?); por lo general en la cantina de detrás de este con los amigos invitando y siendo invitado a vasitos de ron blanco, seco, con mejillones de latas en platitos de café usando como cubiertos simples palillos afilados de caña de azúcar ya seca.

 

De aquellos años guardo, también, el recuerdo de ver los muros de las casas que eran de piedra volcánica, muchas de ellas unidas con barro de tierra seca; algunas de aquellas casas, lograron tener una capa de cal blanca y sobre ésta a veces algo de color, predominaba el rojo inglés (rojo muy intenso y que era el que era usado en las coloniales casas de los ingleses, colonia muy visible en el lugar en que nací dado de que allí también vivía, y murió, Mr. Leakcol, el nieto del hombre que trajo el plátano a Canarias desde la cercana Nigeria y anteriormente de la India, tiempos coloniales. También se pintaban los muros de un color amarillo fuerte y que con el tiempo y el sol siempre constante iba perdiendo fuerza y al que se le acababa llamando “Amarillo cansado” por la influencia del tiempo.

 

En aquellos años, finales de los 50 y durante los 60 en que estuve allí, la tierra siempre permanecía seca y de vez en cuando – o de cuando en vez – era cubierta durante días por un viento que nos llegaba del desierto del Sáhara, a tan sólo 90 km de distancia y por sobre el estrecho de mar entre las dos orillas que llamábamos en aquellos años El Estrecho de la Bocaina (Hoy la nueva definición del Estrecho de la Bocaina está situado sólo al sur de la isla de Lanzarote y el norte de la isla de Fuerteventura lo cual es una manipulación para esconder una realidad política y geográfica de después de la descolonización del Sahara español). Este viento que llega a Canarias desde el Sáhara siempre se ha conocido como Siroco, hasta hace pocos años, sólo se presentaba en el mes de febrero y durante unos días, mi padre me contaba que su padre, mi abuelo, lo conocía con el nombre de Asmund y que así lo había recogido de su padre, mi bisabuelo; Asmund es palabra del Hassanía, idioma de los habitantes del Sahara de origen Amazight. Este viento cubría toda la superficie de la tierra, de los árboles, las plantas, de todo en general de la arena amarilla del desierto y daba aún más de una tierra seca por la que andábamos: todo se volvía amarillo y seco, eran los tiempos en que se decía y llamaba a todo el entorno “Tierra seca”.

 

En aquellos años este viento del Sahara, Siroco, se desplazaba solo de Este a Oeste por sobre el desierto africano llegando a Canarias en el Atlántico; hoy, por distintas razones, este viento ya llega al Norte de España e incluso hasta el Sur de Gran Bretaña cubriéndolo todo de una Tierra Seca: Cambio climatológico que se dice ahora.

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Comentarios2

  • LOURDES TARRATS

    Nkonek,
    He percibido en este escrito una suavidad profunda, una manera de narrar que no empuja ni exige, sino que acompaña. La memoria aparece no como un archivo rígido, sino como un tejido cálido donde cada detalle —la tierra ardiente bajo los pies, el ron blanco en vasitos pequeños, el “amarillo cansado” de los muros— se deposita con una ternura casi involuntaria.
    El texto avanza con la calma de quien recuerda sin prisa, dejando que las imágenes emerjan por sí mismas. Esa cadencia serena permite que lo cotidiano se vuelva significativo: el padre que espera fuera de la iglesia, los muros encalados, el viento del Sáhara que cubre todo de un polvo antiguo. Nada se dramatiza; todo se confía al lector con una voz que observa, que comprende, que honra.
    La narración tiene la virtud de convertir la experiencia personal en paisaje, y el paisaje en una forma de identidad. El Siroco, el Asmund, la tierra seca, los colores coloniales… todo se presenta con una delicadeza que no oculta la dureza del entorno, pero la envuelve en una mirada humana, cálida, casi protectora.
    Esa suavidad que aprecias —y que yo también admiro— nace de la manera en que el narrador no lucha contra el recuerdo, sino que lo deja hablar. No hay estridencia, no hay nostalgia forzada: sólo la voz tranquila de alguien que sabe que la memoria no se pierde por el tiempo, sino por el silencio, y que por eso escribe, para que nada quede sin decir.
    Te felicito.
    Gracias por compartir.

    LOURDES
    Poetas somos...y algo mas...

    • Nkonek Almanorri

      Tomo en consideración tu mirada y percepción de mis palabras y que son, en general, un resumen simple de un tiempo vivido, de un pasado guardado en la memoria y que busco que no haya olvido. Sí, es un archivo que aunque lo tengo constantemente en mi recuerdo no ha sido abierto, no como yo quiero que lo sea. Gracias por tu opinión, lo agradezco.

      • LOURDES TARRATS

        Sigue con tu obra.
        Poetas somos... y a veces, algo mas...

      • AZULNOCHE

        Nos dejas una maravillosa prosa poética, donde describes con delicadeza y exactitud los recuerdos
        que guardas en tu privilegiada memoria, con detalles de lo que rodeaba el entorno y que era la tierra seca que se utilizaba en las casas pintadas de ese amarillo cansado, también definido al estar el sol constantemente en el cielo.
        Un placer leerte!

        Un abrazo!

        • Nkonek Almanorri

          Todo lo que tengo y expongo es una exposición de hechos acaecidos, que sucedieron y que guardo con cariño. Tierra Seca es una mirada al pasado al que vuelvo para reencontrarme conmigo y mi memoria. Gracias por tu opinión, por la atención que me presta con tus palabras, agradecido hasta el infinito. Gracias



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