Fulana y Mengana (poemario)
Rabona
Tras la espalda curvada,
Pero digna de mi hombre,
Veo desfilar junto a él,
En columna, a mí, a mis hijos,
Mis hermanos, mis vecinos,
Mi mundo Todo aquel, pronto
A luchar por la patria.
El alimento en las filas escasea,
Pero lo que sobra, es la moral
Y aunque vacío el Morral,
Estamos unidas, por la defensa nacional.
Y el tren que de Lima llega, más que soldados
Nos trae malas noticias, la avaricia y el
Egoísmo en la capital.
El desinterés de quien nos gobierna,
Ambiciosos y pérfidos,
Disipados en enfrentamientos internos,
De taberna, Enredos de blancos,
Henchidos, corruptos, letrados,
Maltratan el espíritu soberano.
No es para el desaliento, no hay tiempo.
Turnadas entre la costura,
Y preparar para nuestra tropa el alimento.
Somos el aliento, el sustento, la moral.
Mujeres panaycunas, Ébanos. Aymarás,
Traemos agua, atendemos enfermos,
fuertes por nosotras, fuertes por los otros,
Fuertes por nuestra patria, fuertes por nuestro suelo.
Y en el frente, cae la muerte,
como tormenta, mojando en luto,
Estremeciendo, mutilando, inminente.
Las balas enemigas, aguijoneando,
Como abejas del infierno,
Y el hierro olor de la sangre se oxida.
En nuestras fosas nasales, el valor y el miedo.
Atrás quedaron los tiempos
De la buena vecindad, el comercio
Pueblos hermanados, compartiendo
Todo arruinado, todo mal hecho
Y el salitre vale más que la sangre,
Que viaja por la campiña sacrificando
Toda una generación y su talento
Escuela vacía, cerrada, por la riña
Casa triste y abandonada
Sin saber si los que la habitan volverán
Sin saber si a los que amamos, volveremos
Encomendando el alma al santo
Señor de Locumba, proteja y salve
A sus hijos de la campiña
Irrespirables, el dolor y la campiña teñida,
La bandera humillada, arrebatada y retenida.
Abatidos nuestros hombres, rematados.
La soldadesca chilena, viene por nosotras,
Preparando su curvo inhumano, por bayoneta
¡Ay de mis hijos!, ¡Ay de mi esposo!
¡Ay de mi patria! ¡Ay de nosotras!
En desigual batalla, van abatiendo,
En injusta mentira, matados,
Rematados por el curvo, destripados
Vencidos, pero no rendidos,
Sucumbiendo, con su último aliento
Bajo el curvo de los rotos acuciosos,
Lamentos y perdones omitidos.
La maquinaria chilena, se abre paso,
Sobre las vidas de la retaguardia y sus inocentes.
Y la muerte no duele más que ser huérfana,
Y la muerte no duele más, que ser huerfila,
Y la muerte no duele más que la cuarta marital.
Y no duele tanto como el olvido, el Anónimo
Olvido de nuestra entusiasta, valentía.
Niña negra
Vestida de añil, junto a su madre,
Como el cielo en primavera.
Niña negra, sonriente y atenta.
Caminando por la naturaleza
Con la felicidad que contagia
Y que, al compartirla, deleita.
Dulce niña negra, que sabe bailar,
Cocinar, recitar y cocer. Que siempre
Será negra, del ocaso al amanecer.
Niña de ébano, diáspora de África,
Musicalidad echada al viento,
En tu risa, en tu canto, en tu llanto.
Niña negra que descalzas juegas
Ollitas de barro, muñecas de trapo,
Riendo con alegría a ratos.
Todas las etnias que el África embarga,
Niña negra, que los hombros de su padre.
En diarias caminatas carga.
Tratando de tocar el cielo con los dedos
Crecida y envanecida, disfruta del día
Niña negra, tu solo nombre es poesía.
Niña negra que rebautizas lo creado,
Con nombres chispeantes, revoloteados,
Para perro dices pepina y para naranja, malandrina.
Nina negra que, sin naves, sobrevuelas,
Sobre el cóndor, águilas y golondrinas
Con gran imaginación haces volar las gallinas.
A tus años, solo tres, ya sabes contar y leer.
Y tratas de comprender,
A Luther King y Hermann Hesse
Niña negra, mil colores, en tu cabello
Con flores, te envidiará el arcoíris aquel.
Que sobre tus cabellos no pueda caer.
Niña de trenzas reñidas, de hebras
Crespas tejidas, con genialidad aprendida
De tu madre, obrera, peinadora y cocinera.
Niña rimense bajopontina, que en tu corazón
Se amotinan, revoloteando en jolgorio
Millones de golondrinas.
Niña negra, sultana, mengana o fulanita,
Cantándoles a los Reyes en enero.
Con tonada, dulce, y una pequeña tonadita.
Marina LOL (Marina Sonrisa)
La historia puede ser como,
Lo gráfico, de lo gráfico,
Esta es la historia de la
Pequeña, niña Marina,
Hija mayor de un funcionario
Caído en desgracia.
Víctima de las truculentas leyes
De los dioses y los reyes,
Condenado su padre, en un torpe juicio
Sin derecho a armisticio,
Condenado a cumplir en vida
La condena, la humillación y suplicio.
Veinte lustros de prisión, con opción
A sustituto, cuando la vida o la muerte,
Hayan cerrado de él sus ojos, en prisión
Y por ser la de mayor edad, en su linaje.
Escogida y conducida, fue a cumplir,
El decreto legal, de la injusticia penal.
Lapidario fuese aquel día, que amenazó
Su cuello con una cuchilla. Maldito, ¿quién?
Profanó su cuerpo y sin estar complacido,
Talló en su rostro, con felonía, una forzada.
Sonrisa, que diera por apodo a su desgracia,
El sobrenombre de Marina, LOL o Marina sonrisa.
Los años escalan también, sobre los apresados
En el vientre de las crujías. Y tras el ultraje,
Humillación, reincidencia y abuso.
Un tren carente de indulgencias, furgones rotos
Embarazo temprano, sin conocer la primera regla
Malas serían las consecuencias
.
Ni de más está decir que, sin hábito de predecir, del fruto
De un solo amor, el suyo únicamente.
Nació otra niña que, aunque la ley la condene,
Será en demasía inocente.
Fortaleza en el parto, debilidad dentro del vientre,
Y lo débil sucumbe y lo enfermo muere.
Y el hambre por libertad se torna un sismo silente,
Libertad o muerte, libertad alimentándose de la muerte,
Y la carne del lactante extinto fortalecerá la evasión huérfila
Tanta pérdida, tanto dolor, lágrimas aderezando el paroxismo.
La escapatoria se abre paso entre la oscuridad, el desorden
De las barracas, la falsa seguridad del carcelero y su monotonía.
¡Cielo libre de barrotes corrompidos, y tragaluces!
¡Viento libre del hedor propio!
¡Agua sin escupitajos, emancipación del proscrito!
Lejos, muy lejos, donde se confunden el recuerdo con el olvido,
Otra nación, otra ciudad, nuevas mentiras, otras injusticias
La misma sonrisa.
Maternidad
Preñada de la angustia de la preñez
Presente en las normas, ausente de regla
A dos líneas del éxito o fracaso.
Cansada, hinchada, manchada, de hormonas rebalsada,
Ensanchadas mis caderas, abultado el vientre
Sentada espero,
Con la náusea a flor de boca
Mil fólicas complicadas.
Sentada espero,
Las mamás crecientes y vivas
Anhelosas de servir alimento,
Sentada espero,
Dilatada, contractiva, untada
De sudor, primeriza de temor,
Sentada, espero.
Perdida en el futuro abrazo
Y llanto de mi pequeño,
Sentada, espero.
Aunque enfrento soltera y sola
Mártir de un egoísmo,
Sentada espero
Una madre soltera, me refiero.
Qué engañada y humillada,
Por el hombre que amo y quiero.
Sentada en una banca, hoy espero,
Y aun cansada de esperar,
Cansada, espero.
ALFONSITO EL DULCE
Negro y hermoso,
¡Cómo olvidarlo!
Mezcla de perfume y sudor,
Menta y cigarro.
De verde olivo uniformado.
Guardia Civil de caballería.
Caballo blanco, portentoso
Ojalá tus cabellos tentara.
De nuevo, Prietos, con vaselina,
Graciosos y escarmentados.
Recuerdo como aquel día,
En esa transitada avenida.
Parado tú, en esa esquina
Con tu uniforme de gendarmería,
Me dio algo de temor por qué,
En los tiempos aquellos en que se vivía,
La tragedia del Estadio Nacional
Achacada la culpa, a la policía.
Se acercó con gentileza y
Con suave voz al hablar,
Narrador de gran destreza
Sobre sus hazañas en su labor,
Por más que esté de contar,
Que me agarró un gran rubor.
Teresa, le dije que era mi nombre,
Faltándole a la verdad.
Porque yo en realidad, María,
Fui bautizada.
Para darle despistada, yo falté,
A la verdad.
Que en mi casa se me educara,
Que, no haga caso a cualquier hombre,
Que en la calle me abarcará.
Él me dijo que era Alfonso,
Alfonso el dulce y talentoso.
Pensé que era pretencioso.
Los días fueron corriendo,
Y no hubo más novedad
Pues de la casa al trabajo,
Y viceversa, en realidad.
Para a veces el evitarlo,
Tomaba, una movilidad
Trabajo en la gran Escala,
En la Plaza de Armas de Lima
Entre telas y retazos,
El futuro se retrasa
Lo vi por el puente Trujillo,
Que era mi ruta habitual.
De regreso a mi hogar donde
Esperan mis hermanas,
Maria, Olga, Elsa y Juana,
Y Juana Rosa, que es mi mamá.
Vivimos en el callejón
De Pizarro, cuadra siete,
Un sitio tranquilo y magro
De espalda a la bocacalle,
Cambié de ruta pensando,
En, Alfonso, ya no encontrarlo.
Grande fue mi sorpresa al que
Estaba esperando sin pereza,
En el umbral del portón
De la puerta, del callejón
Sabiendo que no era Teresa.
Era común encontrarlo, por terrenos
Inesperados, de su trabajo apartado
de su zona de servicio.
Me pidió que fuera su amiga,
Coincidimos algunas veces
Un insuperable amigo,
Conversador, atento, comprensivo
La amistad trasciende, y la chispa,
Del amor enciende.
De la ciudad de Cañete, descendiente,
De familia de deportistas prominentes,
Su padre, un boxeador casi eminente,
Sobrino de Mauro Mina, Zacarías Flores,
El nene Cubillas, ¡tanto honor!,
Concentrado en una sola familia.
Aunque cabe decir,
Y no es por poco maldecir,
Que mi suegra al venir cambio,
En algo, mi opinión y mi sentir,
Las hermanas algo raras,
Marta, América y Aleja,
Esta última, muy versada,
En el arte de la pendejada,
Ay, qué niña tan mal comportada,
Pero el amor venció y
Con el matrimonio se selló,
El mismo día de la patria,
En San Lázaro, la parroquia.
Alfonzo Flores González con,
Esta humilde mujer se casó.
En julio, día veintiocho,
Juramos los dos ante Dios,
Para siempre ser esposos.
Cinco hijos, todos nacidos vivos,
Unos buenos, otros no tanto,
Como en todo lo vivido.
Suegra racista, que aún
Siendo negra, prefería a,
Las antiguas prometidas,
Blancas, chilenas, sueltas
Estereotípicas, pervertidas.
Puso férrea oposición,
Con vehemencia y sin razón
A lo que Dios y el hombre unieron,
En sagrada comunión.
Huestes invadiendo la calma,
Y el mudarse nos libera,
Nuevas tierras, dejando el Rímac,
Y este se llama Comas.
Sembríos y colinas. Casa humilde
Ladrillos rojos, techo de estera.
Otra frentera, nuevo mercado,
Nueva plaza, nueva escuela.
Cincuenta años de matrimonio,
Todo un patrimonio, trabajo duro,
Privaciones por el trabajo y estudio,
Otras guerras y otros chanchullos.
Reconocido, condecorado,
Por su institución policial, valorado
Crítico de la barbarie en la era
Fratricida. Decencia sobre decencia
Se da de baja voluntaria en la
Década de los ochenta.
Y la vida continúa para todos,
Pero, menos para uno,
Fatídico, veintitrés de marzo,
Caída en la viudez, y el agudo,
Dolor de perder, al hombre aquel,
Que me cuidaría en la vejez.
-
Autor:
AMBUKKAZOO (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 25 de febrero de 2026 a las 00:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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