El sonido de la invisibilidad

Kenia Arancibia

Qué dureza más grande para el alma,

no poder sentirse acompañada,

acobijada,

escuchada.

 

Qué dureza para el cuerpo

batallar a diario,

moldearse

según las etiquetas sociales

de un mundo inflexible.

 

Pero someto mis sentidos

para sobrevivir,

para existir

en un mundo

en el cual no existo.

 

Caminar por las calles

de un mundo inflexible

es suplicio para el alma.

 

Al alba,

con la calidez del sol

que acaricia mi rostro,

me preparo para comenzar

esa flexibilidad inflexible,

en la que pierdo mi alma,

mi esencia,

para mirar

a través de los ojos del mundo

que adoctrina mi mirar.

 

Sufro en silencio

el sonido de la invisibilidad:

el click-clack de los zapatos,

las voces amontonadas,

las sonrisas vacías,

también la mía,

y las inconsistencias

de quienes me rodean.

 

Sonríe más, proclaman,

mientras me miran

con agrio desdén.

Debes acoplarte,

este mundo es así,

debes aprender a sobrevivir.

 

Mi cuerpo y mi alma se afligen,

pero encuentran consuelo

en la promesa del día:

que el suplicio de hoy

pronto acabará.

 

En el descanso de mi hogar,

en el calor de mi habitación,

hallaré un abrazo

bajo el cobijo de mi cama.

 

En el abrazo de mi almohada

susurraré

las penas amargas

que viví este día.

 

Con lágrimas en los ojos

dejaré que el cansancio

apacigüe mi alma,

hasta un próximo día

en que el sol

me acaricie nuevamente.

 

Y prepararé mi alma

para comenzar otro día

con mi única compañía:

la mía.

 

 

 

  • Autor: Varen (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 23 de febrero de 2026 a las 22:37
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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