La poesía mutó ya hace tiempo; ya no siempre rima, cambió la métrica, la sonoridad, el lenguaje, el ritmo. Y está bien, es el proceso de la vida misma; así mutaron también los cuerpos, las pieles, las miradas, las presencias, las ausencias.
Así como se debe trabajar a diario un amor para que siga florecido —sin ser tarea sencilla—, la poesía, sin dudas, ha sufrido también los avatares, pasando a veces como un simple relato; pero, a mi humilde visión, sigue florecida, sigue hermosa.
El cuerpo de mi amada no es el mismo y el mío, ya no soy. Pero el paso del tiempo deja en nuestros días, en cada encuentro —aunque solo sea de miradas—, ternura y amor en su máxima expresión, siempre conscientes de que el amor de hoy es el único que vale.
Podría intentar vestirme de poeta, escribir con creatividad de lenguaje, con ritmo y musicalidad, explorando la belleza y las emociones; pero nada de todo eso supera la mirada de mi amada.
(A la mujer de mi vida)
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Autor:
Héctor Gregorio (
Online) - Publicado: 23 de febrero de 2026 a las 13:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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