◇ Ama de cristal

Vientoazul

Alma de cristal

 

La última copa

Prólogo

 

A veces transitamos por este mundo sin honrar la vida, como si nos pesara el día a día, de manera irresponsable; mirándonos sólo el ombligo, sin darnos cuenta de lo que realmente está en juego.

 

Reunión con

amigos.

 

Lo pasamos tan bien que la reunión pareció más corta de lo que realmente duró.

De pronto, todo quedó atrás.

Casi sin darme cuenta, los momentos de festejo pasaron. Poco a poco se me fueron cambiando los planos, más rápido de lo que pude asimilar.

 

Detrás de la última copa recordaba que hubo otras, casi estoy seguro.

Más juro por mi memoria que no fui consciente. Sé que me conozco: la pena es proporcional al problema, o la alegría desfachatada se adueña de uno casi sin culpa.

 

A veces, el pozo donde uno queda atrapado está lleno de largos momentos de caída libre, en apariencia sin retorno. En fin, cuando despierte veré el tenor de mi existencia. Si puedo, evaluaré los daños y seguiré adelante.

 

Era como si habitara dentro de mí otro ser que no concordaba con el cuerpo real, único e indisoluble. Como si uno despegara del otro; como si el yo consciente dejara atrás el cuerpo físico y entonces me olvidara de él, desfasado: uno eyectado del otro.

 

Sentí que las piernas me pesaban demasiado. Caminaba entre la gente y se apartaban al mirarme. Traté de mantenerme en línea recta, aunque eso requiriera algunos ajustes. Una alegría tragicómica se había apoderado de mí.

 

Avancé hasta la playa de estacionamiento. Me sorprende haber encontrado el auto; temía no poder hacerlo. Abrí la puerta y encendí el motor. Lo real era que debía tener cuidado, ahora más que nunca. Emprendí entonces el regreso a casa, sin prisa. Creo que eso fue lo que realmente me ayudó a no accidentarme.

 

Dormí profundamente. Quedé tendido en la cama de mi cuarto, aún vestido, por el resto de la noche.

 

Cuando llega el alba

 

Al otro día, ya avanzada la mañana, escuché por radio un accidente: una persona alcoholizada había atropellado a una joven pareja que esperaba el colectivo, subiéndose a la vereda.

La zona era la misma y la hora cercana. Comprendí que mi automóvil había pasado por allí.

 

No recordaba el regreso con claridad.

 

Aunque no lo crean, bajé a revisar el vehículo.

 

En esos minutos golpearon la puerta de entrada. Mi corazón parecía salirse del pecho. Acudí pensando lo peor. Abrir me pareció una eternidad, pero suspiré aliviado.

 

Era mi compañera. Quiso darme una sorpresa y llegó sin avisar.

Al verme preocupado, preguntó qué me pasaba. Por supuesto, minimicé el hecho.

 

Por fortuna, esta vez no fue mi hora fatídica: el auto estaba intacto.

Ahí comprendí que podría haberme ocurrido lo mismo. Recién entonces hice cable a tierra. Di gracias mirando al cielo y me prometí no volver a tomar sin control.

 

Epílogo

 

Pero a él pudo ocurrirle lo mismo.

¿Habrá prometido, en vano, no beber más…?

Sólo cuentan los hechos: alguien murió y alguien irá preso.

Sólo que esta vez le pasó a otro.

 

Autor:

Vientoazul 🦋⃟   

©

  • Autor: Vientoazul (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 23 de febrero de 2026 a las 00:24
  • Categoría: Cuento
  • Lecturas: 1
  • En colecciones: Cuentos y relatos.
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