cuando el sol se desangra lento
y la luna reclama el cielo
como quien hereda un reino silencioso,
te pienso.
El río parece calmo,
pero tiembla bajo el paso de los barcos,
igual que mi pecho
cuando tu nombre lo cruza sin aviso.
Las parejas se besan,
prometen eternidades diminutas
mientras el mundo no se detiene,
solo se inclina ante tanta belleza
como si supiera
que hay instantes que merecen reverencia.
Te he comparado con el paisaje,
con el oro del atardecer,
con la plata temblorosa de la luna,
y aún así me quedo corto.
Porque todo esto se complementa
para regalar la mejor postal,
pero tú…
tú no necesitas escenario.
Tu brillo no depende del cielo,
no negocia con la marea,
no espera que el sol se oculte.
Es inefable.
Como intentar atrapar el viento
o describir el primer latido del asombro.
Aquí sigo,
mientras un pintor lucha por inmortalizar
la belleza que tiene enfrente.
Y pienso
que si pudiera verte
con los ojos con que yo te veo,
dejaría caer el pincel,
porque entendería
que hay presencias
que no caben en un lienzo.
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Autor:
R. (
Online) - Publicado: 23 de febrero de 2026 a las 00:20
- Categoría: Sin clasificar
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