Un Día en La Vida

Luis Barreda Morán

Un Día En La Vida 

Aún la noche se enreda en los semáforos,
faroles que parpadean, últimos sueños en ámbar.
La ciudad se despereza con un bostezo de cemento,
y yo, con el paso firme, me sumerjo en su garganta.
El maletín, pesado no de libros, sino de presentimientos,
golpea suavemente contra mi muslo,
un compás que marca el ritmo de lo que vendrá.

Las panaderías abren sus puertas de niebla,
exhalando un aroma a hogar que la calle devora.
El panadero, con sus manos blancas de harina y noche,
me sonríe, cómplice de este rito matutino:
—¿El café de siempre, doctor?—, y su voz es un puente
entre mi mundo de batas y su mundo de hornos.
Acepto, y el calor del vaso se infiltra en mis dedos,
un primer latido, una pequeña transfusión de vida ordinaria.

El asfalto es un río de sombras que se alargan.
Estudiantes con mochilas a cuestas, rumbo a futuros inciertos;
oficinistas que ajustan nudos de corbata como quien ajusta cuentas;
obreros con cascos amarillos, yérguense como setas después de la lluvia.
Somos todos peces en este banco plateado,
nadando contra corriente o a favor,
guiados por la luz roja o verde de las esquinas.
Cruzamos miradas, a veces un roce, un perdón mecánico,
historias breves que se escriben y se borran en un instante.

Luego, el parque, el pulmón de la ciudad.
Aquí el ruido se hace susurro, se enreda en las ramas de los plátanos.
Un jubilado, con parsimonia de reloj de sol, arroja migas a las palomas.
Una madre empuja un cochecito, su niño duerme ajeno al tráfico,
su respiración, un pequeño milagro rítmico.
Por un momento, soy solo un hombre que camina,
que observa el verde, que escucha el canto rebelde de un mirlo.
Respiro hondo, intento llenar mis pulmones de esta calma,
porque sé que en pocas cuadras el aire será otro,
filtrado, estéril, cargado de un silencio distinto.

Y entonces, la silueta. Blanca, imponente, cuadriculada de ventanas.
El hospital, un faro en la mañana, un iceberg en el trópico urbano.
Mi paso se acelera, instintivamente.
El corazón se prepara, cambia el ritmo.
Dejo atrás el bullicio, los aromas a café y a pan,
y cruzo el umbral. El mundo se apaga.

Un silencio denso, roto solo por el bip rítmico de un monitor lejano,
el eco de unos pasos rápidos en el pasillo de linóleo.
El olor a antiséptico, a yodo, a algo indefinible que es el olor del cuidado,
de la vida en vilo.
En el vestuario, la ropa de calle es una piel que me quito.
La bata blanca cae sobre mis hombros como una investidura,
un escudo, una promesa.
El estetoscopio, frío como el acero de las pequeñas herramientas,
cuelga de mi cuello, una serpiente de Esculapio, símbolo y peso.

En la sala de enfermeras, el parte de noche.
Voces graves que enumeran cifras, constantes, incidencias.
Nombres que ya no son solo nombres, sino historias que laten en una cama:
Doña María, en la 204, no ha dormido bien;
el niño de la 112, la fiebre ha remitido;
Don José, el del infarto, estable dentro de la gravedad.
El café de la calle aún sabe en mi boca,
un sabor a mundo real que se desvanece.

Y mientras cuelgo mi chaqueta,
pienso en el hombre del parque, en el panadero, en los oficinistas.
Ellos siguen allá afuera, su rutina continúa.
Yo empiezo la mía, aquí dentro,
donde el tiempo se mide en latidos,
donde la luz del día es un recuerdo filtrado por persianas,
donde cada pasillo puede ser un camino hacia la vida o hacia el final.
Y me preparo para salir a las habitaciones,
a caminar ahora por otros mapas,
por los territorios frágiles del cuerpo y del alma,
con el mismo paso firme que traje de la calle,
pero con el corazón puesto en una balanza invisible,
en este, mi otro mundo, mi otro día,
que recién comienza.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA 
Octubre, 2022.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 22 de febrero de 2026 a las 00:42
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.