"TUBÍ... OR NOT TUBÍ" (youself BETTER)

dalamon

«TUBÍ OR NOT TUBÍ» (yourself BETTER)

Ser Mejor .. o No Ser Mejor: el papel de la conciencia


PRESENTACIÓN

El derecho a opinar tiene su balance armónico en la responsabilidad de reflexionar, antes de hacerlo. Y sin embargo esta dupla no siempre opera, no siempre está presente.

Tras la búsqueda de mi propio balance, comparto aquí algunas pautas, reflexiones y propuestas que, en su aspiración, apuntan a una mayor toma de conciencia del Uno Mismo personal, y a vivir en función de él mismo, con honestidad y con luz interior: con la máxima asequible.

  1. Antes que nada y después de todo, ser inteligente es, en la práctica, relacionarte bien con la realidad y con sus vericuetos; y resolver con lucidez y amabilidad general, los problemas que se presentan al hacerlo.
  2. Es habitual mantener hábitos, y cuando uno de ellos se vuelve invisible deja de revisarse;  y así, ellos pasan a definir(te) en parte tu manera de vivir.
  3. Quizás el más crucial hábito a cultivar sería el de revisarlos, a los hábitos y con cierta frecuencia: a todos. Para que nos defina ya no fundamentalmente la comodidad de no pensar, y sí cada vez más, la conciencia clara de quiénes somos y de en qué andamos.
  4. Demasiadas personas, hoy, viven como si fuera suficiente pensar solo en lo inmediato; reaccionar, como actitud de base; repetir ideas, como estrategia; y evitar reflexionar, huyendo en los hechos de la complejidad propia de la realidad: tanto interior como exterior.
  5. Ellas, estas personas son más propensas a repetir conflictos, internos o externos; a tomar decisiones que luego se evidencian no habiendo sido las mejores; y hasta entablando, cultivando y hasta sosteniendo a relaciones, las cuales, en algún momento quedarán en evidencia como pobres y como poco conducentes. Y surgirá, en ese momento, probablemente, una cruda sensación de estancamiento: retroactiva y harto pesada, que nos llevará a, al menos instintiva y momentáneamente a reflexionar.
  6. Lo de ser honestos de verdad, ello opera antes que nada sobre nosotros mismos, y no frente a los demás. Y opera sobre todo cuando la honestidad no es visible, cuando adviene, se evidencia  y se despliega; y no teniendo espectadores ni escenario: no más que uno mismo y que nuestra conciencia, esta instalada y despierta en medio de nuestra verdad interior.
  7. Hay pequeñas pautas que coadyuvan grandemente a enriquecer nuestra conciencia, por ello a sanear, a depurar y a pulir nuestra honestidad, y a ser más nosotros mismos, y no tanto nuestros hábitos, reflejos, condicionamientos, costumbre. Por ejemplo, lo de hacer una pausa, antes de reaccionar; lo preguntarte -siempre, y cuanto antes- qué parte de tus frustraciones, de tus desengaños y de tus problemas te atañen, te involucran y son de tu responsabilidad, de alguna manera. Y todo esto, siendo en una primera mirada cuestión de detalles, todo ello alumbra tu vida y te muestra siendo inteligente en acción.
  8. Ser capaz de -frente a la incomodidad momentánea; ser capaz de no huir ante lo nuevo, ante las ideas en particular, es otra actitud que, desafiante, promete y cumple. Y es parte de la cuestión, lo de darte cuenta y aceptar que bien puedes aprender de todo ello, hasta de lo que inicialmente te contradice o choca: ello también, lo de abrirte a esto, ello tiene que ver con la inteligencia activa, la viva, la libre y sin más marcos que la realidad misma.
  9. Puede que haya actitudes que ya sabiéndolas buenas, sin embargo al planteártelas te incomodan, te incomodas. Y ello es natural: solemos estar apegados a vivir instalados en nuestra zona de confort; y pensar, cansa; reflexionar también; porque hacerlo de verdad, lo de pensar y de reflexionar también nos descoloca: leve y momentáneamente. Porque puede llevarnos a cambiar, y ello siempre cuesta. Pero que cueste sugiere que vale, y el tal intríngulis no tiene que quedar resuelto en un «no estoy dispuesto» consciente o silente: porque para muchas cosas, sobre todo para estas, lo de querer es poder ¡es absolutamente verdadero!
  10. Se suele ver a la inteligencia como un ente intangible, etéreo, que o se tiene o que no se tiene. Y pensar así es un autoengaño muy conveniente: porque si no eres inteligente, entonces .. tú ya no tienes muchas responsabilidades, y te tranquilizas; y si sí cuentas con ella, entonces .. también te tranquilizas: porque intuyes o estás convencido, de que por ello tendrás que esforzarte menos en la vida. Sin embargo, la inteligencia es al final de cuentas como un  órgano más: que si no se usa, si no se desarrolla, si no se entrena, si no se cuida, entonces ¡se atrofia!
  11. Como pasa con un músculo: cada vez que reaccionas sin pensar refuerzas un circuito. Cada vez que repites sin comprender refuerzas otro. Cada vez que evitas mirarte ¡refuerzas la ceguera parcial interna!
  12. Cada vez que huyes de la complejidad reduces tu mundo. Cada vez que te descansasen ti mismo y no te involucras ni o te exiges, tu inteligencia duerme. Cada vez queempobreces -por desidia, hábito o comodidad- el lenguaje con el que te comunicas, tú empobreces tu pensamiento. No de golpe, pero sí indefectiblemente; y poco a poco: y mucho.
  13. Y lo que es lo más grave: todas las actitudes, las acciones, las omisiones, los reflejos y los hábitos que van en línea con todo lo anterior, todos ellos muy en general no generan alarma: ya no una estridente, sino que ni siquiera una que enciende una lucecita que nos advierta. Pero, sin embargo esto, es muy probable que llegue sin previo aviso, un momento,  un día en el que sientes que tu vida se te ha vuelto pequeña, pobre, repetitiva, predecible; insatisfactoria. Y entonces advendrá una pesada conciencia de ti mismo: la que será mayor que la suma de las incomodidades evitadas, ellas en tren de la facilidad, de la comodidad, del no hacerse demasiado problema con las cosas: con la vida misma.
  14. Si esto te llegara a pasar, no te enfoques tanto en saber cuándo ello te ocurrió, sino que hazlo mejor en comprender los cómo, que se conjugaron para llegar a tal resultado.
  15. Y te verás, haciéndolo, a ti mismo ante una encrucijada en la que la única alternativa real es que tú tendrás -por tu bien- que abrazar una actitud diferente, nueva; si es que honestamente quieres ser mejor, si quieres vivir mejor, si quieres crecer de verdad: para que te sometas, te hagas a ti mismo todo ello y más: comenzandoporuna pregunta incómoda, imprescindible e insoslayable -pero honesta: y por lo tanto necesaria.
  16. ¿Qué hábitos mentales perniciosos he estado aceptándolos, incorporándolos, suscribiéndolos, alimentándolos y sin siquiera cuestionarlos? Y comenzarás a comprender que la gran diferencia entre alguien que vive su vida sometido a sus aceptados -y en cierto grado auto impuestos- límites cognitivos, y alguien con menor o hasta baja inteligencia funcional ¡no siempre está en la capacidad «instalada» de la misma (muy relativa), sino que más bien pasa, reside en la voluntad profunda de revisar tales límites cognitivos!
  17. Y surgirán, ya siendo evidentes pequeñas rutinas que te encaminarán hacia tu mejor luz. Revisarás ideas, por reflejo. Revisarás reacciones en acción, en el momento: en vivo y en directo. Revisaras errores: siempre;  sin la opresión de haberlos simplemente cometido -o incurrido en ellos- sino ya con el aliento propio -y lo mejor: auto infundido-  que opera como un viento en popa, que impelerá tu mejor navegación.
  18. Revisarás tu lenguaje, naturalmente, sin oprobio o culpa o señalamiento de nadie: tan solo por el aviso (estilo el de un breve toque en tu hombro) de tu conciencia, ayudándote. Revisarás con naturalidad tus hábitos: porque ya tendrás claro que los mismos no hacen al monje pero hacen a una vida monacal, por abstinencias varias provocadas, de frescura, de naturalidad y de verdad.
  19. Y al final de un tal proceso (que es cíclico y que nunca termina: por suerte); al final te irás dando cuenta de cuánto propio y al alcance tuyo te estabas negando; que te pertenecía y a lo que tenías acceso: para la maravillosa tarea de crecer, de ser mejor, de ser más.
  20. Y desde ese lugar, y en cada momento en que te plantes en él y te regales una instancia más de reflexión honesta y profunda, desde ese lugar te darás cabal cuenta y llegarás naturalmente a pensar que, de esta manera, ¡lo de ser mejor no te convierte en alguien superior, superior a nadie: pero que sí que te convierte en alguien más responsable de su vida: de tu vida!
  21. Y eso, mi estimado amigo, eso es un capital inalienable, propio e intransferible, del cual gozarás por siempre y para siempre, y al cual compartirás en forma grata y natural con todos quienes forman parte de tu vida. Tanto haciéndolo en tu intimidad interior -o en tu íntima interioridad- como también, sin empeño, en los enriquecidos afueras con los que te encontrarás, como consecuencia de todo esto.

 
 
 
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Comentarios +

Comentarios2

  • dalamon

    Un comentario en
    “«TUBÍ OR NOT TUBÍ» (yourself BETTER)”

    Cristófala dice:
    20/02/2026 a las 5:48 PM Editar

    El texto se abre con una imagen simple y poderosa: un elefante que afirma “no puedo”.
    No se trata de un adorno visual, sino de una clave de lectura.
    Ese “no puedo” no remite a una incapacidad real, sino a un límite aprendido, aceptado y repetido hasta volverse hábito.

    Desde allí, el escrito interpela al lector sin concesiones, invitándolo a revisar no solo lo que piensa, sino cómo y desde dónde lo hace.

    Todo el texto gravita alrededor de una idea esencial: ser mejor no es un estado ni un rasgo dado, sino una práctica consciente, sostenida en la revisión de hábitos, reflejos y límites cognitivos que muchas veces se asumen como naturales cuando, en realidad, son adquiridos.

    El texto propone una defensa firme y sostenida de la conciencia como eje de una vida bien vivida, pero lo hace sin recurrir a fórmulas de autoayuda ni a consignas vacías.

    Su fuerza reside, precisamente, en la incomodidad que provoca:
    no halaga al lector, no lo absuelve, no le promete atajos. Lo interpela.

    Esa práctica consciente no depende tanto de una inteligencia “dada” como de una voluntad activa de revisión, de una disposición a mirarse sin autoengaños.
    En este punto, el texto desarma una de las coartadas más frecuentes de nuestro tiempo: la idea de que la inteligencia es un don fijo, casi decorativo, que exime de responsabilidad.
    Aquí se la presenta, con acierto, como un órgano vivo: si no se usa, se atrofia; si se evita, se empobrece.

    El autor acierta también al señalar que el verdadero deterioro no suele venir acompañado de alarmas. La vida se empequeñece sin estruendo, por acumulación de omisiones, de reacciones automáticas, de hábitos no revisados.

    Esta es una observación de gran lucidez: lo grave no es el error visible, sino la repetición invisible; no el conflicto ocasional, sino la renuncia sistemática a pensar. En ese sentido, el texto funciona como una advertencia tardía pero necesaria: cuando la sensación de estancamiento llega, suele ser más pesada que todas las incomodidades que se evitaron antes.

    Hay, además, una reivindicación fuerte de la honestidad interior.
    No la honestidad performativa ni la moral exhibida, sino aquella que opera sin testigos, en el diálogo silencioso con la propia conciencia. El texto es especialmente sólido al afirmar que la honestidad real empieza ahí, y que solo desde ahí puede irradiarse hacia afuera.

    Esta idea atraviesa el escrito como un criterio ético exigente: no se trata de “quedar bien”, sino de ser fiel a la verdad propia, incluso cuando duele.

    Otro punto de gran potencia es la crítica a la huida de la complejidad.
    El autor no romantiza el pensar: reconoce que cansa, que descoloca, que incomoda. Pero justamente ahí radica su valor. Pensar de verdad implica aceptar la posibilidad de cambiar, y cambiar siempre tiene un costo.
    La frase implícita que sostiene todo el argumento es clara: si cuesta, es porque importa.

    Frente a la comodidad del reflejo y la reacción, se propone la pausa como acto de inteligencia activa.

    El texto también destaca con acierto el papel del lenguaje.
    Empobrecer el lenguaje es empobrecer el pensamiento, y hacerlo de manera progresiva e inadvertida.
    Esta observación resulta especialmente pertinente en un contexto cultural que premia la consigna, el eslogan y la simplificación.
    Aquí se advierte que cada renuncia expresiva es, en el fondo, una renuncia cognitiva.

    Finalmente, el cierre es particularmente sólido:
    ser mejor no convierte a nadie en superior, pero sí en más responsable de su propia vida.
    Esa distinción es crucial y evita cualquier deriva moralista o narcisista.

    La mejora personal no se plantea como jerarquía, sino como apropiación consciente de la propia existencia. Y ese capital —ineludible, propio, intransferible— es presentado como el verdadero fruto del proceso.

    En síntesis, el texto es exigente, honesto y profundamente contracultural.
    No promete felicidad inmediata ni soluciones simples. Propone algo más arduo y, por eso mismo, más valioso: asumir la tarea de pensar, revisarse y vivir con mayor conciencia.

    No es un llamado a la perfección, sino a la responsabilidad.
    Y en tiempos de evasión sistemática, eso lo vuelve no solo pertinente, sino necesario.

  • dalamon

    Maria Cristina Rodríguez Balsemao comentó en ""TUBÍ OR NOT TUBÍ" (yourself BETTER)"
    Ayer


    El texto se inscribe claramente en una tradición de reflexión ética y existencial que entiende la conciencia no como un estado, sino como una práctica. No pretende ofrecer recetas ni técnicas, sino provocar una incomodidad fértil: la de reconocer hasta qué punto gran parte de la propia vida mental transcurre por inercia. Su apuesta es exigente, porque desplaza el foco desde las condiciones externas hacia la responsabilidad interior, sin caer en el voluntarismo ingenuo ni en la autoindulgencia.

    El núcleo del planteo no está en la idea de “ser mejor”, sino en desmontar las coartadas que permiten no hacerse cargo: la noción pasiva de inteligencia, la comodidad del hábito, la reacción automática, el empobrecimiento del lenguaje y la evasión de la complejidad. Todo ello aparece como un mismo fenómeno visto desde distintos ángulos: la renuncia progresiva a pensar. El texto no acusa frontalmente esa renuncia, pero la muestra en sus efectos acumulativos, que terminan por estrechar la experiencia vital.

    Hay una comprensión fina de cómo operan los límites autoimpuestos. No se presentan como prohibiciones explícitas, sino como marcos aceptados sin revisión.
    En ese punto, la imagen del elefante encadenado resulta adecuada no por lo evidente, sino por lo inquietante: la fuerza existe, pero no se reconoce; la cadena es real, pero el poder de su resistencia es desproporcionada; el obstáculo principal no es externo, sino interiorizado.
    El “no puedo” aparece así como una conclusión aprendida, no como un hecho.

    El texto también acierta al evitar una salida grandilocuente. No promete transformación radical ni iluminación repentina. La salida propuesta es más modesta y, por eso mismo, más seria: revisar, pausar, hacerse preguntas incómodas, aceptar la incomodidad del cambio y sostener un proceso que no se cierra nunca. La mejora no es presentada como un logro, sino como una actitud continua.

    En términos críticos, puede señalarse que el texto confía mucho en la capacidad individual de revisión y deja en segundo plano los condicionamientos sociales, culturales o materiales que también modelan la conciencia. No es un defecto esto, ni mucho menos grave, pero sí es un énfasis que implica un recorte claro: el foco está puesto deliberadamente en lo que depende del sujeto.
    Esa elección le da coherencia, aunque limite el alcance explicativo. Más allá de esto, lo enfocado es siempre vital, fundamental y además primero: las otras influencias importan, claro, pero son subsidiarias de la actitud de base, la mayor.

    En conjunto, se trata de un texto serio, reflexivo y poco complaciente, que interpela más de lo que consuela. Su valor no está en decir algo completamente nuevo, sino en insistir —con honestidad y sin cinismo— en algo que suele evitarse: que pensar cuesta, que no pensar tiene consecuencias, y que la responsabilidad sobre la propia vida no puede delegarse sin pagar un precio.



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