Carta para ella, escrita al caer la noche.

Efrain Eduardo Cajar González

 

Señora mía de mirar sereno,
te escribo cuando el mundo calla en paz,
cuando el silencio alumbra lo más pleno
y el alma dice aquello que no dirá jamás.
Recibe estas palabras como un puente
tendido desde mí hasta tu sentir;
son huellas de un latido transparente
que sólo por tu nombre sabe existir.

He de decirte: ya no eres sonido,
ni sombra leve que el recuerdo nombra;
tu nombre vive en mí como un latido
que al pronunciarlo el corazón se asombra.
No hay tinta que contenga lo que enciendes,
ni verso que resuma tu fulgor;
mas escribo, porque así comprendes
cuán firme en ti se ha vuelto mi fervor.

Si el tiempo alzara muros entre ambos,
o el día oscureciera tu mirar,
conserva estos renglones como amparos
de aquello que no sabe terminar.
Que cambie el mundo, el rumbo o la fortuna,
que el cielo trueque estrella por color:
mi amor, como la luz fiel de la luna,
guardará eternamente tu calor.

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