Al calor de tu amor idealizado
le ofrezco una ráfaga de viento;
el cual al ser pronunciado
puede disiparse un momento.
Quema, quema , pero dulcemente
así estando en una válvula,
porque en ese fuego inclemente
también existe dádiva.
Esa dádiva recubierta
por jazmines de luna,
una noche cualquiera
donde no hay bruma.
Quema, quema en esos ojos
marrones pastel,
donde murieron enojos
tallados de miel.
Entonces este fuego
no quema , si no alivia,
al corazón sincero
incitando la valía.
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Autor:
Américo Chávez, El zorro y el escritor de los ojos tristes (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 18 de febrero de 2026 a las 22:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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