ASÍ SOMOS.

Nkonek Almanorri

 

 

¿Cómo, usted, bufón de tres cuartos,

Ignorante, cenutrio, pobre y

Mezquino, puede creer

Que disfruta ya

De pie sin

Amanecer el día

Para alabar

Al amo,

Ése para el que trabaja,

Le hace ganar

Dinero

Mientras usted

Apenas

Tiene para comer?

 

¿Cómo puedes ensalzar al criminal

Que esclavizaron a tus abuelos, al que

Mató a tu padre, acaso no te

Dijeron nunca quiénes

Fueron los  que

Ahora te arrodillas

Ante ellos?

 

Con 52 años descubrí, por pura casualidad y tras una breve investigación, que el autor de la novela “Guirres en el poste de telégrafo”, Sebastián Sosa Barroso, fue maestro mío con 7 años en el colegio de La Graduada, en Agaldar, Gran Canaria. Fue una casualidad que hablando de esta novela con el director de un hotel en Agaete éste me hiciera una observación: ¿Ve usted esas laderas que bajan desde esa montaña?, ahí, escondida en una cueva - me dijo - vivió durante años una mujer sola con sus tres hijos menores; bajaba  al pueblo al oscurecer, a recibir ayuda alimentaria de algunos de sus familiares y amistades, nunca iba a sus casas sino que los esperaban escondida en fincas de aguacates, naranjos y limoneros de la zona; dejaba a sus hijos de muy corta edad, todos menores de 7 años, arriba en la cueva; su delito fue ser la esposa de un campesino que se enfrentó en 1936 – cuando la Guerra de España, guerra que nunca la hubo por aquellos parajes pero sí mucho odio, resentimiento y represalia -, cuchillo en mano para defender la dignidad de su mujer y las vidas de sus hijos; al final mataron a aquel marido y al igual que se hacía siglos antes cuando las guerras y matanzas de la  colonización: expusieron su cuerpo sin vida en el centro de la plaza; a sus familiares advirtieron que buscarían a su esposa para hacer lo mismo con sus hijos. Esto me lo contó el hijo de un anciano que lo había visto con sus propios ojos y que era director de un hotel en la zona, cerca de la plaza señalada. De asuntos similares habla esta novela de Sebastián Sosa Barrosa dado de que él era natural de esa zona y sus padres también le hablaba de estas cosas, y otras.

 

Casi 50 años después y ya fallecida aquella madre que vivió protegiendo a sus hijos hasta el punto de que acudieron a una escuela por primera vez con once años, este hombre que me comentaba estos asuntos también me contó que aquellos tres hijos ahora, años después, militaban en el mismo partido político que mataron a su padre. Así somos.

  • Autor: Nkonek Almanorri (Offline Offline)
  • Publicado: 18 de febrero de 2026 a las 15:52
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
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