La sala de espera no tiene reloj,
pero el tiempo respira en sus paredes.
Late en el silencio de las sillas vacías,
camina descalzo sobre el suelo frío.
Hay miradas clavadas en el suelo,
manos entrelazadas como plegarias rotas,
suspiros que pesan más que los cuerpos
y un murmullo leve de esperanzas frágiles.
Aquí todos somos iguales:
un número, un turno,
una historia que nadie conoce
y que arde en el pecho en secreto.
La luz blanca no consuela,
solo revela ojeras, miedos,
rostros que intentan fingir calma
mientras el corazón golpea la puerta del destino.
En esta sala no solo se espera un nombre.
Se espera un diagnóstico,
una oportunidad,
una segunda vida…
o el final de una primera.
El aire huele a incertidumbre,
a promesas que tal vez no regresen.
Y sin embargo,
entre tanta sombra suspendida,
siempre hay alguien
que aprieta los puños
y decide creer.
Porque toda sala de espera
es también un umbral.
Y a veces,
tras la puerta que se abre lentamente,
no nos llaman para perdernos,
sino para empezar de nuevo.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Online) - Publicado: 18 de febrero de 2026 a las 14:29
- Comentario del autor sobre el poema: "Incluso en la pausa más larga, el alma se está preparando para su siguiente paso." ✨
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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