I
Hoy la ceniza marca nuestra frente,
recuerda al hombre: polvo volverá,
el alma inclina muda la cerviz,
hoy cielo mira rito en silencio,
calla la plaza, duerme la campana,
la carne siente frágil su destino,
escucha el pecho voz de eternidad,
y Dios al barro sopla vida eterna.
II
La aurora viste túnica severa,
las piedras guardan rezos apagados,
suspira el templo incienso muy fiel,
se rinde al fin la voz de soberbia,
camina lento día penitente,
el hombre mira dentro su ceniza,
comprende al verse polvo destino,
y tiembla ante voz de lo eterno.
III
No hay oro hoy que seduzca corazones,
ni risa vana rompa el recogimiento,
la luz parece andar descalza y lenta,
como monje de paso silencioso,
el viento toca puertas de conciencia,
despierta culpas viejas escondidas,
y el alma al verse limpia de disfraces
respira paz más honda que la dicha.
IV
La cruz de polvo brilla sin fulgor,
más fuerte que las joyas de la tierra,
no hiere el signo: sana lo profundo,
ni acusa: muestra senda verdadera,
quien baja humilde sube más ligero,
quien llora limpio mira más distante,
quien calla escucha voz inextinguible,
quien muere al mundo nace hacia lo eterno.
V
El día avanza grave y mudo,
las horas caen lentas como polvo,
el hombre avanza dentro del alma,
y oye voz del cielo que lo llama.
El tiempo baja manso la cabeza,
la fe respira en puro silencio,
el alma mira firme su sendero,
renace luz tras polvo penitente.
VI
No brilla vanidad sobre la tierra,
ni el oro otorga paz al alma,
la gloria es humo ante la muerte,
y cae el cetro ante la muerte.
Recuerda hombre su raíz de polvo,
y tiembla al ver límite de carne,
mas oye voz de vida que lo llama,
y al polvo anuncia luz eterna.
VII
La tarde cae mansa sobre mundo,
la cruz persiste leve sobre frentes,
no borra el tiempo el signo santo,
que Dios dibuja en barro contrito.
Se vuelve el corazón sagrado ya,
y arde sin ruido fe en el alma,
quien mira el polvo sabe su final,
y vive ya con alma dispuesta hoy.
VIII
Dichoso quien comprende su ceniza,
porque halla paz firme que la piedra,
ningún temor gobierna ya su pulso,
ni sombra turba el fondo del pecho.
Pues sabe ya que el polvo es puerta,
de vida nueva abierta al cielo,
quien lleva cruz de polvo vive libre,
y espera luz después de muerte ya.
IX
Siglos pasan cual sombras leves,
y caen nombres de reyes ya,
ningún poder resiste al polvo vil,
ni cetro libra hombre mortal,
quien acepta su ceniza humilde
hallará luz alta que la gloria,
y verá cielo abierto ante sí,
cuando muerte rompa cadena.
X
Recibe hombre signo en frente ya,
recuerdo de barro y fin cierto ya,
breve vida llama de paso,
y soplo eterno alza al hombre,
nadie vence ceniza final,
ni huir del tiempo ni su juicio ya,
quien confía en Dios renace libre,
y vive eterno tras el polvo ya.
XI
Tarde inclina su dorada frente,
y sol se apaga lento en oeste,
la cruz persiste fiel sobre la piel,
aunque sudor borre con tiempo,
no muere signo al irse de frente,
queda grabado siempre en alma ya,
allí llama brilla silencio,
guía hombre en noche árida ya.
XII
Concluye el día penitente ya,
deja alma clara y apacible,
polvo habló y su voz quedó firme,
más fuerte que campana antigua ya,
cuando el viento borre ceniza ya,
quedará viva en íntimo centro,
la huella fiel de voz divina ya,
que llama al barro y hace gloria.
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Autor:
Efrain Eduardo Cajar González (
Online) - Publicado: 18 de febrero de 2026 a las 00:23
- Categoría: Religioso
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