Cuerpo que me has de temblar

asegura1617

Definitivamente, hay algo que me tira hacia atrás.
Rellenar la misma rutina con los mismos pasos se ha vuelto un jardín de bisturíes. Por simple y sencilla que sea, toda acción me pide un esfuerzo mayúsculo. No fluyo con las horas. Ahora mismo soy, más bien, un amasijo que se desplaza con la misma lentitud del líquido de un suero que busca salvar un cuerpo de la deshidratación. 
 
Así de flemático. 
 
Así de triste.
 
En medio de esta contienda, lo que me pare este nudo en todo el cuerpo es la conciencia de saber que tú lo cambiarías todo, A., y, sin embargo, solo habitas el deseo, la conjugación en condicional. Porque sé que me devolverías a un mundo que sí es mío, y no este donde toda idea es un pájaro que cierra las alas al dar el primer paso al precipicio; donde una palabra se desasosiega por llenar otras palabras de sí misma para amplificarse y comprobar que en esa magnitud, en ese egoísmo, el final dulce eres tú.
 
Lo más lamentable y desesperante es que me rodean caras compasivas y yo no respondo. Ni siquiera balbuceo. Hay algo en mi centro que no me permite abrazar la misericordia de los demás. Quizá porque no es la tuya. Quizá porque no es tu rostro el que me espera al sacar la cabeza de una palabra que busca acercarse a tu presente y para llamarlo, por fin, hogar. Quizá porque no son tus ojos los que recibirán todos mis torpes, pero genuinos gestos, repletos de una ternura que solo tú entiendes porque tú pusiste su semilla en el calcio de mi nombre. Quizá porque no serán tus manos las que me salven del inicio de los días que vendrán, de ese miedo del que sabe que hay una piedra esperándole en algún paso imprevisto porque el mundo siempre necesita una herida por la que liberar cierta presión e inflar de nuevo los pulmones.
 
Lo desolador de todo esto —por si la dificultad con que han salido estas palabras no bastara— es que, si me vieras, comprobarías que todo es verdad. Que todo lo que digo no es una ficción lingüística para hacerme el pobrecito, el necesitado..., el espectro que llena las noches con el ruido de los grilletes en sus pasos, buscando toda sustancia que recuerde a ti, para invadirla. 
 
Quizás, sea yo esa presión sobre las cosas. Quizás, sea yo esa presión que me impide. Quizá, sea yo quien se proyecta para ser ese otro compasivo, con ese rostro, con esos ojos, con esos gestos, con esas manos... Quizás, sea yo la piedra y la herida...
 
Quizás, sea yo ese algo que se empuja hacia atrás, entorpeciendo el futuro, porque sabe que mañana tampoco estarás cuando pronuncie tu nombre para sanarme de mí,

cuerpo que me has de temblar...
  • Autor: asegura1617 (Online Online)
  • Publicado: 17 de febrero de 2026 a las 22:11
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 0
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