No conozco las flores, ni la vida
que en sus pétalos crispados esconden,
porque sobre el alma llevo una herida
que me nubla la vista. Se confunden
mis dolores con la tierra y el polvo,
y soy como los muertos que trascienden.
Mis tristezas de un cajón desempolvo
y las esparzo por el cielo inerte.
Es hoy el cielo: dolor, tierra y polvo.
Las nubes conocen por mí la muerte.
La tumba que aguarda mi alma despierta.
Soy enemigo de Dios y la suerte.
La sangre negra de mi herida abierta
brota a chorros sobre un mar de miseria.
No hay quién consuele mi alma descubierta.
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Autor:
Nath. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de febrero de 2026 a las 17:22
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 20
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez

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