Donde el horizonte besa la tierra,
el sol se alza con alegría:
el canto saluda al nuevo día.
Abrazo tibio de la aurora,
brisa que despierta sueños,
susurros de la memoria,
fuego pequeño en el alma.
Late el pulso del mundo,
luz sobre los senderos,
y todo ser, al renacer:
vivir es milagro verdadero.
Mas tu rostro, amada mía,
me devuelve aquel día
cuando el tiempo, tímido,
escuchó tu risa encender la vida.
En tus ojos dormía la tarde,
el viento en tu mejilla,
mi alma, sin saberlo,
aprendía tu nombre con ternura.
Desde entonces,
cada amanecer tiene un destello tuyo,
y las sombras del mundo
se rinden cuando regresas.
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Autor:
Juan Roldan (
Offline) - Publicado: 17 de febrero de 2026 a las 07:55
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio_cuello

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