(Versión multimedia picaresca y con significado muuuy personal)
🎧 Se recomienda escuchar el audio durante la lectura
(…. aunque el texto también puede ser solo leído, y sin más ….)
(…. aunque el texto también puede ser solo leído, y sin más ….)
Daniel Alamón · La polca del espiante (en un sentido muuy personal)
Es la vida una cosa viva
y lo de relativa le comprende
Y le calza en cada etapa
que uno la vive en cuerpo y en mente
Y el amor no está exento
de este asunto que hoy te cuento
pues él no fue, no siempre igual,
ni al principio ni al final de los tiempos
Bien recuerdo a mis primeros,
los que inundados de hormonas,
en las que elegía a diestra y siniestra
¡y que prefería a las más monas!
Luego el tiempo transcurrió
y él se pasó a otro estilo
y me vi con más criterio
y no siempre eligiendo ... pero sí siempre ¡en vilo!
Y pasaron algunas décadas
y en lo formal incurrí.. (apenas)
y cuando pude liberarme
¡me solté con placer de tales cadenas!
Y retomé no como al principio fuera
pero parecido aunque muy diferente era
pues ni regían las hormonas, ya ¡ni había tantas monas!
... sino que algunas "simiescas" ahí afuera
Y comprendí que era otra época
y que me debía y ya adaptar
¡bajo apercibimiento y bajo pena
de ni a una piel femenina, si no, ya más tocar!
Y así anduve un cierto tiempo,
entre la resignación, la aceptación y el descontento:
sobrellevando el momento con nuevos recursos:
¡con más dinero sobre todo! ... ¡y por supuesto!
Y así llegué al que aún no es
el último -pero tal vez sí el penúltimo- peldaño:
por cumplir de mis setenta años ya ¡uno más!,
y ¿en cuanto a "EXO"? trastabillando, ya...
Y de repente me doy cuenta
de que ha cambiado ya mi óptica;
de que hoy rehago, ya, ahora las cuentas
.... ¡y es el absurdo a veces "la lógica"!
¡por incluyendo a las de sesenta,
a las de setenta y hasta las de ochenta!:
Cuando por rodear la penúltima esquina
voy entre esquivando e "interesado" ya
... ¡hasta en las viejas! ;-) ;-) ;-)

Offline)
Comentarios2
Un comentario en “La polca del espiante”
CristófalaCristófala dice:
16/02/2026 a las 3:21 PM Editar
Su texto es una confesión vital dicha sin máscaras, con humor, con crudeza y, sobre todo, con honestidad.
No busca seducir ni quedar bien con quien escucha o lee; busca ser fiel a la experiencia vivida, y en eso radica su fuerza.
No hay cálculo expresivo ni corrección complaciente: hay una voz que se reconoce en su propio recorrido y se anima a decirlo tal como fue y como es.
Lo que recorre no es simplemente la historia del amor o del deseo, sino la evolución de la mirada con la que uno atraviesa la vida.
Al comienzo, el cuerpo manda: hormonas, impulso, selección casi automática. No hay reflexión moral ni estética profunda, hay intensidad y exceso, y lo narrás sin nostalgia edulcorada ni falsa vergüenza. No hay juicio retrospectivo: hay reconocimiento.
Luego aparece el tiempo —ese gran editor de entusiasmos— y con él el criterio, la duda, la cautela.
El deseo deja de ser pura elección y se vuelve también espera, tanteo, incluso zozobra.
El texto gana densidad, porque ya no habla solo de mujeres o de vínculos, sino de cómo el paso de los años va desplazando el eje entre cuerpo y conciencia.
Cuando menciona las “cadenas” de lo formal y el posterior soltarse, asoma una crítica serena a los mandatos sociales que ordenan menos de lo que prometen y limitan más de lo que admiten.
La liberación no es juvenil ni ingenua: es tardía, consciente, y por eso tiene otro sabor.
Menos euforia, más goce elegido.
El pasado no se idealiza; se relee.
Uno de los tramos más humanos es el de la adaptación forzada a la época.
Ahí el contexto deja de ser escenario y pasa a ser condicionante: o uno se ajusta o queda fuera.
No hay épica ni victimismo, hay aceptación mezclada con incomodidad, con recursos prácticos, con ironía incluso.
Es una claridad sobria, sin grandilocuencia, y por eso resulta cercana.
El cierre, lejos de ser grotesco o provocador, es profundamente honesto en su aparente absurdo.
No porque el deseo se desplace hacia edades impensadas, sino porque revela algo esencial: cuando el horizonte se acorta, el deseo deja de ser exclusión y se vuelve afinidad, compañía, presencia.
Ya no manda la promesa ni la fantasía, sino el estar.
No es decadencia: es un cambio de escala.
En conjunto, el texto no habla de edades ni de clasificaciones, sino de cómo el deseo persiste transformándose, de cómo la vida no se apaga sino que se adapta, incluso cuando la penúltima esquina ya se vislumbra.
Hay ironía, hay crudeza, pero por debajo late algo muy claro y muy amable: seguir mirando al otro, seguir interesado, seguir vivo.
Es un texto valiente, íntimo y profundamente humano. Porque solo quien se acepta sin maquillajes puede contar su recorrido con esa mezcla de humor, melancolía y claridad que, lejos de alejar, acerca.
Con tu bella pluma versas maravillas estimado poeta y amigo Dalamon
Aaludos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias! Sobre todo por ti presencia y cercanía y tu amabilidad para con mis versos. Un gran abrazo!
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