Puente avenida calle sexta
Nunca he entendido la nostalgia que nos invade ante la fragilidad del otro. Tal vez porque, en nuestra propia naturaleza, oscilamos entre apropiarnos del dolor ajeno o despreciarlo por completo.
Una tarde caminabas cuesta arriba, con los brazos abiertos. No era solo la pendiente la que te pesaba. Desafiabas a los monstruos rojos que transportaban, en su vientre, otras bestias sudorosas.
Te miraban perplejos ante tu grito.
Entonces las piernas se te doblegaron. En silencio, tu carne dio contra el piso.
El monstruo siguió su ruta. Tú morías en cada exhalación.
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Autor:
William McCormick (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 17 de febrero de 2026 a las 00:01
- Categoría: Sin clasificar
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