Escupo acrílicos, llorando a gritos
el peso punzante que habita en mi pecho;
mis manos sostienen un alma en conflicto,
mientras la tinta cae desde el techo.
Mira de frente, no ofrece respuesta,
la estancia se invade de un aire siniestro;
tu ausencia me habita, me resta y me apesta,
hipnotizándome en este secuestro.
¿Qué culpa me queda? Si a las tres de la mañana,
tus manos y ojos me rozan la piel;
haces que el alma se vuelque a tu gana
y el porvenir se centre en lo que no quieres ver.
Mi alter ego desea lo que el presente me niega,
un futuro ciego que no ha de ocurrir;
el amor verdadero es la fe que me entrega
lo que en tus ojos no pude encontrar para mí.
En la soledad me detengo y espero:
para ser feliz, debo ser mi propio proceso.
Superarme a mí mismo, romper el esquema,
y no esperar a nadie que no valga el poema.
Mis manos, que antes sostenían ceniza,
hoy moldean el barro de un nuevo destino;
el miedo se pierde, la luz se entroniza,
y el sol de mis sueños despeja el camino.
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Autor:
Sebastián Joel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de febrero de 2026 a las 21:59
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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