A veces no es la distancia la que duele,
sino el vacío que deja el silencio
cuando uno espera un “aquí estoy”
y solo responde el reloj.
No es solo el cuerpo lo que extraño,
es el puente invisible que lo sostiene:
la mirada que confirma,
la palabra que abraza,
la certeza de no estar al final de la fila.
El trabajo ocupa horas,
la vida reclama espacio,
los teléfonos brillan como pequeñas hogueras,
y mientras tanto
nuestro fuego aprende a arder más bajo.
No quiero medir el amor en minutos,
ni contarlo en llamadas perdidas.
Solo temo que, sin darnos cuenta,
nos estemos acostumbrando
a una tibieza que antes no existía.
Yo no busco cantidad,
busco presencia.
No reclamo deseo,
reclamo encuentro.
Porque el amor no muere de golpe,
no estalla,
no avisa.
Se enfría lento,
como una casa que deja de abrir ventanas
y ya no deja entrar el sol.
Y aún así,
sigo aquí,
esperando que el fuego recuerde
que no se enciende solo.
JFAS 16-02-2026
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Autor:
JFAS (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de febrero de 2026 a las 12:20
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, El desalmado, Éusoj Nidlaj, Salvador Santoyo Sánchez, Marie Paule, Mauro Enrique Lopez Z., MISHA lg

Offline)
Comentarios1
Esplendida y generosa tu bella pluma estimado poeta y amigo JFAS
Recibe un abrazo desde España
El Hombre de la Rosa
Hombre de la Rosa, es un honor que uses parte de tu valioso tiempo para leerme. un fuerte abrazo.
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