¡Sé tú mismo!
El individualismo se proclama hoy, desde todos los frentes, como la vía real hacia la felicidad, y nuestras bibliotecas rebosan de obras que nos invitan al desarrollo personal como el logro supremo de uno mismo. La felicidad que se nos vende es la del florecimiento personal como resistencia a la presión social. Es cierto que esta presión es implacable. Es verdad que el individuo que no le opone resistencia alguna se convierte en la sombra de sí mismo, en una copia pálida, sin consistencia y sin alma, de su propio ser.
Así, conscientes de ello, son muchos los que, decepcionados por ejemplo por el materialismo, intentan existir a toda costa. Y es precisamente ahí donde el culto a la individualidad se convierte en un producto de marketing, en la felicidad "llave en mano".
¿Quién nos vende esta poción mágica y es realmente por nuestro bien? Ceder a la presión normativa es un suicidio individual, donde cada uno abandona, en beneficio del grupo, aquello que lo hace un ser único: es la disolución del individuo en la masa.
Pero elegir el individualismo para luchar contra esta presión, ¿no es también suicidarse? En nuestro mundo moderno, salvaje como el reino animal, prevalece la ley del más fuerte. Entre otros ejemplos, la ley del más rico. Por muy único que sea, ¿qué posibilidades de supervivencia tendrá el individuo, incluso siendo pleno, frente al poder tal como se ejerce hoy en nuestras sociedades? ¿De qué le sirve al pez pequeño, frente al tiburón, ser el más bello, el más colorido o el más único en su especie? Se cree, se siente feliz el pececillo, pero solo, frente al tiburón, ¿acaso tiene alguna oportunidad?
Es por esto que el individualismo, intento desesperado por escapar del suicidio individual, se convierte en un suicidio colectivo, alentado, por supuesto, por aquel que obtendrá el mayor beneficio una vez que el producto haya sido "comprado". Allí donde el culto a la individualidad se vende como una fuerza, es en realidad la mayor debilidad del hombre moderno, al alejarlo de su humanidad, contenida en la empatía, la solidaridad y, no tengamos miedo a la palabra: el amor.
Tengan cuidado, detrás de la promesa «Sé tú mismo», que también es una injunción, se puede esconder, alegrándose, el cínico «Divide y vencerás».
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Autor:
Maríe Paule (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de febrero de 2026 a las 02:38
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

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